¿Oposición es morir?

Julio 02, 2022 - 11:55 p. m. 2022-07-02 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Discúlpenme, pero sigo sin entender. ¿El que Gustavo Petro haya ganado por setecientos mil votos a su contrincante que obtuvo 10,7 millones de sufragios significa que sus antiguos oponentes se le sumen sin importar sus electores? ¿A qué hora se acabó aquello del gobierno y la oposición, la clave de cualquier democracia con vida que refleje la opinión y la manera de pensar de los ciudadanos?

Pues todo da a entender que en Colombia es así. Bastó una hora para que los partidos que hicieron cola para adherir a Federico Gutiérrez y luego a Rodolfo Hernández en patético desfile de acomodo, se sumaran a Petro, aquel que poco antes calificaban como funesto. Y con muy pocas excepciones, como la del expresidente Álvaro Uribe que acudió a la cita con el nuevo presidente para expresarle sus diferencias y su intención de hacer oposición, los demás dirigentes y dirigentas se declararon partidos de gobierno. Es decir, no perdieron.

¿Y quién hará las veces de vocero de los millones que no votaron por Petro, en muchas ocasiones atendiendo las recomendaciones y las alarmas que proclamaban los que hoy son sus mejores amigos y aliados de primera línea? Al parecer, quedan solo los congresistas del Centro Democrático, pues los demás, los liberales en primer lugar y luego los de Cambio Radical, los de la U y del Conservador ya están acomodados en el tren de la victoria.

Si hasta Rodolfo, el otro extremo del populismo que casi gana la presidencia ya proclama la llegada del cambio, lo que puede significar su alianza con el populismo petrista para acabar con el clientelismo que hoy lo acompaña y le jura lealtad a su gobierno, sin saber qué respaldan. Todo es una rebambaramba donde todos son buenos y los malos son los que no se suban al pacto nacional, el sucesor del Pacto Histórico.

Pero, mire usted como es la vida: los que están bravos, mejor dicho verracos, son los Gustavo Bolívar que trinan por la elección de Roy Barreras como presidente del Congreso, el peor clientelista de todos, o por las escogencias de ministros que ya suenan y a él no le suenan. Y los amos de Fecode, que han paralizado la educación de este país las veces que se les ha dado la gana, que patrocinaron al compañero Petro en todo su periplo, reclaman porque no los han tenido en cuenta ni en el empalme ni en el reparto que empezó con el nombramiento como ministro de Relaciones de Álvaro Leyva, conservador y factor definitivo en el acuerdo de La Habana.

Todo está al revés. Y ese binomio gobierno-oposición que hace posible una democracia fuerte como lo enseña el profesor Fernando Cepeda Ulloa hace sesenta años, no parece tener futuro. Lo que se impone de nuevo es el gobierno unánime del populismo y el clientelismo que se reparte el Estado y todo lo suyo, incapaz de escuchar a sus electores y tomar posiciones para evitar la catástrofe a la que nos estamos asomando.

¿Quién representará a los 10’750.000 colombianos que no votaron por Petro? ¿Quién se opondrá a la aplanadora que puede llevar al final de nuestras libertades si los políticos preferirán los gajes y migajas antes que el árido desierto de las ideas y de la falta de puestos, contratos, procuradurías, fiscalías, contralorías, gobernaciones y alcaldías?

Así, la política en Colombia es una profesión que obliga a sumarse al gobierno a como dé lugar, herencia perversa del Frente Nacional de 1958. Y hacer oposición, es un suicidio.

Sigue en Twitter @LuguireG

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