No al cambio

No al cambio

Diciembre 16, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Termina la legislatura, se acaba el año y la respuesta es la misma. A pesar de lo que están diciendo los colombianos, en Colombia no es posible el cambio.

Se hundió la reforma a la Justicia. Como es obvio, nadie puede mover el aparato judicial para que acabe con la morosidad en los términos, para evitar los paros judiciales que le niegan el acceso a millones de colombianos o para resolver las disputas que terminan en violencia porque el Estado es incapaz de dirimir. Y mucho menos se tocó el pavoroso estado del sistema penitenciario, las troneras que permiten entregar casa por cárcel a los más tenebrosos criminales y las leguleyadas que ponen en ridículo la actuación de la Policía contra los delincuentes.

De la decena de propuestas para combatir la corrupción solo quedan vivas dos menores. Es decir, nada de nada. Y aunque se ‘rascan’ las vestiduras muchos de los congresistas para demostrar su compromiso con la decencia, ahora le echan la culpa al gobierno por no concertar para sacar adelante lo que es un clamor nacional a sus elegidos, esos congresistas.

En cambio, de la reforma política ya se murieron la lista única y el fin del voto preferente, lo que quiere decir que le quebraron el espinazo. Y le pasaron la cuenta de cobro al gobierno por no dar mermelada, y por hundir vagabunderías como el trasfuguismo que tanto les gusta a los Roys, sin importarles que el país que los eligió exige dar transparencia al sistema electoral, credibilidad a la política y acabar con el mundo sórdido donde ganan los lagartos y pierde la democracia.

Y debieron llamar a sesiones extraordinarias para sacar adelante la reforma fiscalista que no resuelve el déficit causado por la voracidad para gastar que financian brillantes economistas, haciendo del Ministerio de Hacienda una entidad enemiga de las rentas de trabajo. Ese remiendo pasará y seguiremos diciendo que tenemos los mejores tecnócratas porque son capaces de inventarse todos los impuestos necesarios para mantener un Estado que se niega a reformarse, a combatir la corrupción y la evasión, a ser sincero con los contribuyentes.

Y el narcotráfico sigue igual o peor, mientras ya no es noticia la violencia que destruyó a Tumaco y a gran parte de Nariño, la que devora al Cauca y que está de nuevo en las fronteras de Cali, creando un cerco que no quieren ver. Pero ya no hablamos de eso y preferimos los benditos consejos de seguridad con presidente a bordo que no resuelven nada pero sirven para anunciar la llegada de doscientos policías mientras los funcionarios sacan pecho, orgullosos de lo alcanzado.

No hay cambio en el 2018, salvo porque se acabó el uso de la paz que desgastó el gobierno anterior, porque elegimos un nuevo presidente de la república, un nuevo congreso con los mismos vicios y porque éste no le camina al gobierno que tiene unos socios “chimbos”, como diría Vargas Lleras. Y porque el Tribunal Administrativo de Cundinamarca se atrevió a sancionar como corresponde a los socios de la Ruta del Sol II.

Ah, y porque tenemos dos señoritas Colombia en el mismo año y ambas vallecaucanas, porque Caterine Ibargüen fue elegida la mejor atleta del mundo, porque James se lesionó cinco veces, porque no ganamos el tour de Francia, porque Carlos Vives lanzó el disco número 50 y raperos colombianos como el Maluma ese hacen su agosto para martirio de los que gustan de la música.

Así, en Colombia parece imposible el cambio. Por lo menos hasta ahora.

Sigue en Twitter @LuguireG

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