No a la extorsión

No a la extorsión

Marzo 17, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Tantos años de manejar lo que sucede en el sur de Colombia como algo que se puede transar con firmas, ha conducido a lo que padece el Cauca.
Lo que no justifica que a nombre de las etnias y las minorías se imponga la anarquía para exigir la presencia del Presidente de la República.

La costumbre se volvió ley: los dirigentes indígenas estrenan cada gobierno bloqueando la vía Panamericana para exigir cumplimientos de los acuerdos que otros presidentes han firmado. Y de Bogotá llegan las delegaciones oficiales encabezadas por los Ministros y acompañados por los pazólogos y violentólogos. Se toman las fotos, algunos se emborrachan con los caciques como ocurrió en los ocho años anteriores, y empieza la función.

Entonces se toman la carretera Panamericana y bloquean el sur del país. La vía se llena de piedras y de árboles derribados, queman buses, rompen las llantas, Popayán vive las consecuencias del asedio y los agricultores, ganaderos, transportadores o comerciantes exclaman en vano contra el abuso que cometen contra ellos, convertidos en rehenes de quienes dirigen la toma.

Y claro, aparecen los políticos de siempre clamando por el respeto a los derechos humanos de los indígenas marginados, explotados, humillados, despojados, a pesar de ser considerados en la propia Constitución con derechos y regímenes especiales. Pero a esa izquierda no le importa que pisoteen los derechos de la inmensa mayoría de habitantes de la región, discriminados por no pertenecer a una etnia o a las Coccam.

Por el contrario, aprovechan para atizar la hoguera, incluyendo cosas como las objeciones a la ley reglamentaria de la JEP, Hidroituango, el TLC con los Estados Unidos, el imperialismo yanqui, todo lo que sirva para desafiar la legalidad y el respeto a los derechos de los demás.
Y los gobernadores le piden al Presidente que vaya a negociar con los organizadores de la toma. Es decir, que se entregue como rehén a quienes usan las vías de hecho para desafiar al Estado de Derecho.

Ahora, a esa masa que se toma la Panamericana se suman las Coccam y el narcotráfico que azota a Cauca, el Valle, Nariño y Putumayo, pidiendo la legalización.

Entre tanto, en Bogotá continúan los debates inútiles así en la provincia se destruyan las instituciones. Como si la toma del Cauca fuera parte del paisaje. La causa del desorden es el tratamiento de protectorado o de colonia que se le da a la región colombiana, y la solución es firmar acuerdos que no se cumplen y hacerse el de la vista gorda ante el desafío a la legalidad, mientras en la capital se destrozan en medio del partidismo.

Así se permite el abuso de la protesta social para hacer lo que se le da la gana. O para seguir debilitando la democracia y abriendo el campo al populismo que acabó con Venezuela, mientras el narcotráfico se devora los vestigios de orden que van quedando. Es ignorar a quienes aún luchan por una agricultura decente o a quienes creen en las empresas lícitas para echarlos en brazos de la ilegalidad que se tomó el sur de Colombia en medio de la retórica del centralismo bogotano.

Ojalá el presidente Duque no ceda ante la extorsión del desorden, el populismo y la ilegalidad que azotan al Cauca. Y que la autoridad se haga presente para recuperar el orden que reclama la inmensa mayoría de los colombianos.

Libertad y Orden es el lema del escudo nacional. Que no se nos olvide que sin orden no puede haber libertad.

Sigue en Twitter @LuguireG

VER COMENTARIOS
Columnistas