Locos, héroes y víctimas

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Locos, héroes y víctimas

Enero 12, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

El asesinato de Qasem Soleimani, líder de las Guardianes de la Revolución en Irán, la organización terrorista más grande del mundo, y el derribamiento de un avión con 176 pasajeros en Teherán, abrieron este 2020. Muertos convertidos en héroes para unos y en triunfos para otros en medio de una locura que puede terminar en una de las peores conflagraciones del mundo moderno. Y víctimas de la insania que caerán en el anonimato.

Soleimani era un asesino, un sicópata que extendió sus milicias Quds por todo oriente medio, para expandir el dominio de Irán en el oriente medio mediante el terror . Desde los veinte años se involucró en esa demencia que mezcla la política y el gobierno con la religión, la secta shiita del islam que es minoría pero que los ayatollahs se empeñan en imponer contra la inmensa mayoría suní.

Él desarrolló la estrategia macabra que algunos califican como “política internacional de Irán”: mantener el poder en Líbano, atacar a Israel y dominar a Gaza, producir la guerra en Yemen del Norte, atacar a Arabia Saudita y consolidar a otro asesino, el presidente de Siria. Solemaini era un poseso al cuál temían por igual en Irán y en el resto del planeta y estaba empeñado en apoderarse de Iraq, lo que ya casi lograba. Su único obstáculo es Estados Unidos, por lo cual se dedicó a sacarlo como fuera del destruido país.

Hasta que se encontró con Donald Trump y su obsesión por reelegirse. Quien le ha hecho más daño a la imagen de los Estados Unidos vio en Soleimani la oportunidad para fortalecer su campaña. Es el momento para convertirse en el sheriff que tanto gusta al común de los estadounidenses, a quienes sólo les preocupa su bolsillo y viven de los héroes de sus guerras ajenas en los últimos setenta y cinco años.

Entonces ordenó a asesinar al héroe terrorista de los shiitas con un dron en el aeropuerto de Bagdad. Y en la euforia enfermiza después del éxito de su orden, amenazó con destruir los sitios culturales de Irán, un Crimen de Guerra según la legislación internacional que Estados Unidos, el país que el representa, ha respetado y defendido a través de la historia.

Luego del asesinato, que no puede ser cometido por un presidente salvo que sea una acción en medio de una guerra declarada, Trump trata de calmar los ánimos de su país que ve venir otra guerra inútil como la de Vietnam, la de Afganistán o de la misma Iraq. Pero el daño está hecho e Iraq exige ya el retiro de los gringos.

En menos de dos semanas, Soleimani pasó de terrorista a héroe, en su entierro mueren cuarenta personas en una estampida y los ayatollahs atacan las bases de los Estados Unidos en Iraq. Y en medio de esa locura guerrerista que le sirve al régimen para neutralizar las crecientes protestas del pueblo iraní, derriba el avión ucraniano con un misil lanzado por un gobierno paranoico.

Allí murieron 176 civiles que no serán héroes. Su asesinato ayuda a Trump al desviar la condena hacia los ayatollahs. Es la locura que parece gobernar también a la potencia más grande del mundo, convirtiéndola en presa fácil de toda suerte de intentos por desviar las elecciones desde Rusia, de extorsionar a Ucrania para que acusen al rival demócrata de Trump, del loco de Corea del Norte a un paso de tener misiles nucleares que pueden llegar a Nueva York, y de China que cosecha los dividendos de la guerra comercial.

Héroes, locos, civiles muertos, deconcierto y euforia en las bolsas de Wall Street. Con eso abrimos el 2020. Dios nos tenga de su mano.

Sigue en Twitter @LuguireG

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