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Noviembre 03, 2019 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Terminaron las elecciones con un triunfo limpio e inobjetable de Jorge Iván Ospina para la alcaldía de Cali y de Clara Luz Roldán para la gobernación del Valle. Fue la victoria de las alianzas alrededor del poder y el surgimiento de la esperanza para enfrentar lo que sigue.

Es claro que no ocurrirá ningún cambio profundo en la medida en que hay una afinidad manifiesta entre el actual alcalde Maurice Armitage y su sucesor demostrada de muchas maneras y ratificada ahora de manera fraternal. Afinidad que no es de ahora y se expresó a través de la campaña, lo que asegurará la solidaridad del uno con el otro hacia el futuro, como lo ha sido en el pasado.

Eso está bien, en la medida en que sirva para continuar lo bueno que hizo la administración de Armitage y se puedan corregir los errores que cometió al desafiar a los caleños. Sin embargo, hay preocupación sobre lo que puede ocurrir en el manejo de la seguridad y en la relación con la Policía Metropolitana, asuntos sobre los cuales hay antecedentes muy aburridores y dicientes en la anterior administración del reelegido burgomaestre.

También se conocen las declaraciones de Ospina en las cuales hace un llamado a superar las diferencias. Sin embargo, aún están vivas sus anunciadas revanchas y venganzas que incluyen declarar como ejidos el Club Campestre, o la retaliación contra cualquiera que se haya opuesto a su aspiración. Para eso es el poder, dicen sus amigos y amigas que lo acompañan en sus odios.

Y quedan por tramitar los procesos penales que un juzgado de Cali y los que le llevaba la Corte Suprema por contratos y acusaciones en su gobierno anterior, ahora en manos de la Fiscalía General. El primero de ellos empieza a resolverse el próximo quince de noviembre, sobre un negocio con quien fue su estratega de campaña en el 2007. Los otros, los que tenía el magistrado Malo, se relacionan con sus contratos con un abogado y los enigmas que rodean la reconstrucción del estadio Pascual Guerrero, que empezó costando alrededor de $ 30.000 millones y terminó en más de $130.000 millones, todo de cuenta del municipio.

En la gobernación, el triunfo de doña Clara no podía ser más claro. Novecientos mil votos fue un respaldo rotundo a su aspiración y a su jefa, la gobernadora Dilian Francisca Toro, quien de paso se proyecta como candidata a la presidencia de la República. Aunque perdieron algunas de las alcaldías que esperaban mantener como la de Buenaventura, la de Palmira, la de Jamundí o la de Cartago. Semejante caudal de sufragios es la demostración de cuán poderosa en materia electoral es la maquinaria que las acompaña.

Pero doña Clara no la tiene tan clara con respecto a su pasado. Detrás de ella hay procesos serios en la Procuraduría, la Fiscalía y la Contraloría originados en su gestión como directora del deporte en Cali y en Colombia. Todo ello debería resolverse en los próximos meses y ojalá se produzca así para bien, o para mal, del Valle.

Triunfó entonces la aplanadora del régimen con todas sus consecuencias, sus alianzas y complicidades inocultables. Y al lado de eso surgió algo inesperado y esperanzador. Son los ciento treinta y seis mil votos que recibió Alejandro Eder, en la soledad más absoluta de cualquier maquinaria. Fue la expresión de la opinión libre y espontánea sobre la necesidad de cambio.

Lo que sigue puede ser más apasionante. Y hay que estar preparados para ello.

Sigue en Twitter @LuguireG

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