Lo mismo de siempre

Lo mismo de siempre

Enero 20, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Ya sabemos quién cometió la masacre en la Escuela General Santander. Es la repetición, o mejor, el perfeccionamiento de la violencia que nos hemos acostumbrado a padecer como si formara parte de nuestra vida. ¿Hasta cuándo?

Los hemos llamado de mil maneras: pájaros, bandoleros, guerrillas, Farc, Eln, pandillas, paramilitares, grupos criminales, autodefensas, Clan del Golfo, cartel de Cali, cartel de Medellín, Urabeños, Erp, M 19, Epl, Quintín Lame, lavaperros, capos. Y hemos tenido grandes progresos gramáticos pues ahora los llamamos grupos residuales o estructuras criminales o quien sabe qué.

Pero siguen ahí. El Eln, el peor ejemplo de barbarie de cincuenta años en la historia de la humanidad, ha tenido una variación tenebrosa que para algunos justifica el que lo consideremos como organización política con la cual hay que negociar el Estado de Derecho. Fue creado por Fidel Castro en las épocas del Che Guevara, del foquismo de Regis Debray y de la locura que confundía el terror y la violencia con la justicia social. Y nosotros nos dejamos. ¿No nos importó?

Después, los Vázquez Castaño, dueños de la franquicia, perdieron el favor de sus patrones, fueron derrotados en Anorí por el general Álvaro Valencia Tovar pero este fue despedido cuando se opuso a la orden del presidente López Michelsen de detener la operación que terminaría con esa organización. Vinieron después los curas Laín y Pérez, iluminados sacerdotes católicos españoles que creían en la purificación de Colombia mediante el baño de sangre del terrorismo a destajo.

Y llegaron sus discípulos. Los Beltrán, Gabino y Antonio García, el Pablito, y los demás que andan por Colombia matando, secuestrando, extorsionando, volando el oleoducto Caño Limón-Coveñas, explotando la minería ilegal, recogiendo a los disidentes de las Farc, manejando el narcotráfico.

Ah, y asociándose con el gobierno de Nicolás Maduro y los militares que los protegen de la persecución mundial contra el terrorismo, contra el narcotráfico, y repartiendo las cajas de comida que entrega el gobierno chavista para comprar apoyos de los venezolanos, mientras asaltan y asesinan a quienes desde la dictadura pretenden discutirles su dominio sobre las minas en el estado de Amazonas, o el narcotráfico en el Catatumbo o la extorsión en los estados de Maracaibo, Mérida y Zulia.

Y en Colombia existen dirigentes y curas y jefes políticos que creen que el terrorismo y la violencia son formas de hacer política que no se deben combatir y con las cuales se debe negociar. Con ellos se han tenido cientos de intentos por dialogar, y la respuesta ha sido la misma: Machuca, secuestros de la Iglesia La María y del Kilómetro 18, cientos de voladuras en el último año del oleoducto, nueve secuestros en los últimos seis meses, destrucción del Chocó y asesinato de indígenas que no comulgan con ellos, bombas en Bogotá en los últimos cinco años.
La respuesta de sus jefes es la misma. “Somos una federación y cada frente toma sus decisiones de manera autónoma. Pero aquí en La Habana los esperamos para seguir negociando”.

Lo último fue la masacre en la Escuela General Santander donde murieron 21 seres humanos y otros 68 fueron heridos. El miserable atentado que produjo un carro bomba conducido por un enviado del demonio y dirigido por terroristas desalmados que están en Cuba y Venezuela nos debe llevar a rechazar ese paisaje de sangre y violencia del Eln.

Y a exclamar ¡YA BASTA!

Sigue en Twitter @LuguireG

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