Las otras mingas

Las otras mingas

Marzo 31, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Como si no fuera suficiente con la tragedia que causa la toma de la carretera panamericana por el Cric, en Bogotá se producen otras mingas que ponen en duda las leyes y el ordenamiento jurídico como instrumento de unión para resolver los conflictos, para ordenar las relaciones entre los poderes o para evitar los peligros de la anarquía.

Está la minga que armaron cincuenta congresistas frente al palacio de Nariño. Como lo hacen los organizadores del secuestro que padece la vía más importante del sur de Colombia, los padres y madres de la patria dejaron de trabajar, llamaron a los periodistas y se fueron a pedir audiencia inmediata al Presidente para hablar de sus colegas de paro en el Cauca, y a exigir que se les reconozca como intermediarios ante los líderes indígenas.

Así ignoraron las normas que fijan las atribuciones de los poderes públicos y establecen las relaciones entre ellas. Alegando “desespero” de unos o mostrando un cinismo ya surrealista, personajes como Alexander López, conocido por promover paros en Emcali o el que sufrió la industria azucarera en el 2008, y Feliciano Valencia, promotor de las mingas pasadas condenado por secuestro y compañero de copas del hoy presidente del partido de la U, se ofrecieron de negociadores.

Y todos tranquilos. Lo importante no era la solución por los cauces institucionales que hacen posible que ellos sean congresistas sino las vías de hecho que dan protagonismo. Nada de aplicar el Estado de Derecho ni de exigir respeto por los millones de personas afectadas por la toma de la Cric. Había que mostrarse dispuestos a paralizar el Congreso si no los recibía el Presidente.

Está también la minga que usa y abusa de la palabra paz. Es la que protagonizan jueces, expresidentes, exfuncionarios, periodistas, exguerrilleros y todos los que se apoderaron de esa palabra para convertirla en herramienta electoral y no de unión nacional, con la cual lograron la reelección de Santos y la derrota de un plebiscito que no acataron.

Una presidenta de un Tribunal como la JEP que decide intervenir en política con una carta descalificadora contra un partido. El expresidente Santos que saca un libro para recuperar su protagonismo, pasar cuentas de cobro y revivir lo que llaman la ‘polarización’ entre él y Uribe. A cambio, los colombianos muestran su hastío por una pelea eterna y ya aburridora que sólo facilita la impunidad.

Mientras tanto, esos dueños de la paz no se refieren a los grandes enemigos de la JEP, encabezados por el jefe de la comisión negociadora de las Farc alias Iván Márquez, que no se presentan a rendir cuentas y responder, compromiso del acuerdo que él firmó. Ni dicen nada sobre la carta de la presidenta que sepultó el poco aire de imparcialidad que le quedaba a la JEP.

Por algo están tan desprestigiados el tribunal que maneja doña Patricia Linares y la paz que no llegará mientras sigamos rodeados de grupos criminales, de expresidentes, de clientelistas eximios como Roys Barreras y de quienes niegan el desastre que causan las vías de hecho al país.

Y está la minga de los indiferentes. La de las fuerzas vivas de las cuales hablaba don Guillermo Becerra Navia, que en el Valle guardan silencio mudo ante la violencia que se tomó el Cauca, empezando por el secuestro de la panamericana. La de quienes se acostumbraron a mirar para otro lado mientras el desgobierno y la confusión ponen en peligro su propia tranquilidad.

Por eso tenemos un Estado tan débil y cuestionado. Por eso estamos como estamos.

Sigue en Twitter @LuguireG

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