Las miserias de la Justicia

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Las miserias de la Justicia

Diciembre 15, 2019 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Lo de menos es que no elijan al Fiscal General a pesar de ser una obligación constitucional y una responsabilidad que deben cumplir con su sociedad. Lo deplorable es que los integrantes de la Corte Suprema han demostrado el fracaso de la Constitución de 1991 en el propósito de construir una Justicia confiable que responda a las necesidades de Colombia.

Da pena lo que está sucediendo desde hace muchos años. Magistrados que fueron presidentes de la corporación más importante para resolver los conflictos de la sociedad y castigar a los delincuentes, están en la cárcel, acusados de vender fallos y torcer procesos a su cargo. Y qué decir de su eterna pelea política con el expresidente Uribe por las chuzadas, o el hecho de que un proceso civil dure más de veinte años, o que el 95% de los penales no tenga sentencia.

A ellos se les ha confiado la función más importante para construir y consolidar la paz y combatir la violencia y el desorden: impartir justicia para que los ciudadanos no la tomen en sus manos y la conviertan en instrumento de venganza. Y de paso, hacer que se reconozca el Estado como el árbitro de la sociedad, lo que equivale a ser respetable y respetuosa de ese orden jurídico.

Pero, y tal vez debido a las atribuciones electorales que le entregó esa Constitución en el 91, los magistrados, con honrosas y notorias excepciones, han entendido que lo allí escrito son prebendas antes que deberes y obligaciones con la sociedad. Por ello, convirtieron a la Institución en escenario de rencillas y de disputas políticas que en nada interpretan el mandato y las necesidades de los colombianos por tener esa justicia que evitaría muchos de los problemas de violencia y de inequidad que padecemos.

Y lo más grave, son los primeros enemigos de una reforma a fondo que sintonice la Justicia con las realidades del país y las necesidades de quienes aún la reconocen y la necesitan. Por ello, los escándalos y los rumores sobre lo que acontece en su interior son la comidilla de todos los días, alimentadas por periodistas que gozan de los privilegios que les otorgan quienes los usan para difundir sus mensajes y asegurar el poder mediático que necesitan.

Con lo de la elección del Fiscal General se volvió a destapar la cruda realidad de la Corte. Bastó que el Presidente de la República mandara su terna para que se recordara que desde hace meses faltan siete de los veintitrés magistrados que conforman la sala plena, además de que la sala penal está al borde de la parálisis por falta de magistrados. Y que en semanas se retirará otro más, lo cual impedirá el quorum de dos tercios necesario para realizar la elección.

Eso da idea del grado de desconfianza y divorcio al que ha llegado una entidad cuyas decisiones deben tomarse en forma colegiada. Y de politización entre los bandos que conforman la Corte, en los cuales se alinean unos y otros, impidiendo el ejercicio de la cooptación para designar sus integrantes que consagró la tan mentada y cada vez más inútil Constitución del 91.

Así terminamos el año en la Justicia. Con una impunidad que supera el 90%, un descrédito que ronda el 80% según todas las encuestas y unas funciones y deberes que no se cumplen. Son las miserias de la cabeza de la Rama Judicial que parece inferior a la majestad y los deberes que debe cumplir en un país afectado como pocos por los conflictos, la violencia y la delincuencia.

Sigue en Twitter @LuguireG

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