La vacaloca

La vacaloca

Septiembre 30, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Sé que hay muchísimos interesados en tumbar a Maduro a como dé lugar. Pero también sé que hay bastantes, tal vez demasiados, interesados en que nos metamos en una guerra de la cual saldríamos perdedores venezolanos y colombianos, mientras los mercaderes de la muerte y los defensores de la violencia se solazan con sus ganancias o con la sangre derramada.

La Asamblea de la ONU mostró algo inédito en su historia. Nadie defendió a la dictadura de Venezuela, mientras la inmensa mayoría de los presidentes y delegatarios aprovecharon para exigir el final de la pandilla que acapara el poder en Venezuela. Es el poder en el que ya no creen ni los mismos chavistas o la inmensa mayoría de los militares venezolanos, atrapados en el chantaje de “quien no apoya no come”, o no roba.

Y fue casi unánime el clamor para que cese la diáspora de civiles venezolanos que deambulan en calles, parques y carreteras desde Cúcuta hasta la Patagonia en busca de alimento o de la vida que les niegan Maduro, los militares que comandan Diosdado Cabello, el tenebroso general Padrino y los cubanos que se roban el petróleo que no les pertenece. Son ellos los que destruyeron la economía para esclavizar al pueblo y ahora se rapan lo que va quedando, incentivados por el alza en los precios de ese petróleo que sirvió para enriquecer la infame revolución bolivariana y para dejar en la miseria a toda la nación.

Todo eso es cierto. Y lo grave es que continuará porque la tiranía se enriquece ahora con el crimen. Con el narcotráfico que empieza en Colombia, con la asociación del chavismo con las Farc y el ELN y los mafiosos que recibieron protección del gobierno, con el atraco, con la minería que se roban los que son las autoridades, con el secuestro, con el tráfico de alimentos, con la extorsión y las alcabalas donde pueden matar a cualquiera si no paga dos mil pesos.

Lo que es inaceptable es que nos metan en una guerra o que nos utilicen para una invasión que dejará miles de muertos y heridos, casi todos civiles venezolanos y colombianos. Que esa guerra que promueven de manera irresponsable se convierta en la alternativa, de la cual saldrán como héroes Maduro y sus secuaces, mientras Venezuela se hundirá en el abismo y nosotros en el lamento por lo que no debimos hacer.

A Maduro y todos sus conmilitones hay que tratar de tumbarlos. Ya les llegará el día o terminarán agarrados, empujados por la ambición de los criminales como Diosdado, el tal Padrino y los ladrones que andan fuera de Venezuela disfrutando sus fortunas en los Estados Unidos y Europa.

Pero meternos en la guerra con Venezuela es insensato y no resolverá la tragedia de los venezolanos. ¿Por qué no lo hicimos hace doce años cuando se descubrió el apoyo de Chávez a las Farc? ¿Por qué los declararon los nuevos mejores amigos a pesar de saber que el narcotráfico en el Catatumbo se debe a los gobernantes de Venezuela? ¿Por qué los aceptamos como garantes y facilitadores de las negociaciones con las Farc y el ELN, a pesar de saber que son sus socios?

Y una cosa más: ¿de dónde vamos a sacar la plata para pagar la guerra inútil? ¿Cómo evitaremos la quiebra en que quedaremos por hacerle caso a Trump, y a los que sólo quieren ver sangre y vender armas?

No. Que no nos metan en esa vacaloca. Dejemos que Maduro se caiga solo, o que lo tumben o que se quede. Y mientras tanto ayudemos a los venezolanos como ellos lo hicieron con millones de colombianos durante muchos años.

Sigue en Twitter @LuguireG

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