La traición

Septiembre 10, 2022 - 11:55 p. m. 2022-09-10 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Y ocurrió lo que podía esperarse: una vez elegidos, los dueños del clientelismo se repartieron el poder con los amos del ejecutivo durante los próximos cuatro años. Les dieron la espalda a los electores, les mintieron y realizaron las maniobras que juraron combatir para convencer incautos.

Entre las elecciones de Congreso y las presidenciales parecía producirse un fraccionamiento en la dirección del Estado entre los seguidores de la izquierda o como quieran llamar a la montonera del Pacto Histórico, y los amos de los partidos tradicionales que, se supone, defienden la democracia y la libertad. Era la interpretación del deseo de cambio de los electores, lo que hacía pensar en que ahora sí se podía combatir la corrupción que devora las arcas públicas e impide construir un país más equitativo, más democrático y menos proclive a la delincuencia y el crimen.

Pasaron las elecciones, los votantes eligieron un congreso cuyo 70% no pertenecía al movimiento de Gustavo Petro, lo que hacía pensar que ahora sí llegaría el control político y una oposición seria. Y el triunfo de Petro, que representó el 30% de los ciudadanos con derecho a elegir frente al 28% que votaron por la otra alternativa y el 45% que no votó, hacía pensar que sería un gobierno de principios y en minoría para el cual sería difícil construir la mayoría que requería para imponer sus propuestas y sus amenazas.

No fue así. El hábil político que habita en Petro le ganó la partida al revolucionario y pactó con el diablo. Se consiguió a los más expertos en el manejo de la venalidad, tomó el control del Congreso, acordó el reparto de los órganos de control empezando por la Contraloría y apeló a la mermelada y al chantaje para seducir a los amos del clientelismo.
Y ocurrió lo que siempre pasa. El clientelismo se entregó en alianzas que ignoran el rechazo de sus electores al Pacto de Petro. César Gaviria del Partido Liberal, Dilian Toro de la U, un señor que nadie conoce a nombre del Partido Conservador, firmaron la claudicación y se transformaron en partidos de gobierno. Ellos encabezaron el negocio que desconoce el mandato de los electores. Ni siquiera se tomaron el trabajo de declararse independientes, lo que sería menos ofensivo para quienes los eligieron de buena fe.

El pasado miércoles supimos que sin vergüenza le entregaron a Petro el control del 70% del congreso, con lo cual puede hacer lo que le plazca. No habrá control político, la oposición la ejercerán solo 14 congresistas y 14 se declararon independientes. Así, los colombianos quedaremos a merced de lo que a Petro y el clientelismo se les antoje.
El origen de toda esa trama miserable no es sólo el reparto de ministerios, la puerta abierta para la corrupción y los organismos de control que de nuevo les garantizará impunidad a los clientelistas de siempre y a los del nuevo clientelismo de Petro: la repartición de las gobernaciones, las alcaldías, los diputados y concejales y la centena de contralores locales y departamentales.

¿Sabe cuántos billones valen los presupuestos departamentales, municipales y de sus institutos descentralizados cada año? Lo que sigue en el juego perverso de la política colombiana es el control de departamentos y municipios, la savia que alimenta el árbol de la corrupción en Colombia. Por eso, la reforma tributaria es sólo una cortina de humo para tapar el reparto del Estado, la traición de Petro y de los partidos a los colombianos que creyeron que el cambio había llegado.

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