La plutocracia manda

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La plutocracia manda

Octubre 06, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Hace veinte meses escribí sobre la manera en que la plutocracia suplantó el ejercicio libre del derecho a elegir los congresistas de la República. Ahora desconcierta lo que está sucediendo en las elecciones del próximo 27 de octubre.

Conté entonces el precio que tenía el respaldo de un diputado en la elección de un senador, tasado en seiscientos millones de pesos según mi fuente. Y que el combo de entonces, el voto para la Cámara y para el Senado se cotizó en cien mil pesos, una parte de los cuales llegaba a los líderes y jefes municipales y el resto a los que vendían el voto.

Pues esta vez la cotización subió. Según me informan, ahora se pagan entre ochenta mil y cien mil pesos por el voto a la alcaldía de Cali, y el combo gobernación del Valle y alcaldía se cotiza en doscientos cincuenta mil. Y se sabe que las empresas u ‘organizaciones’ como se llama ahora el clientelismo, se han trenzado en batallas que elevan la cotización en municipios como Buenaventura, Cartago, Guacarí, Buga, Jamundí, Yumbo o Tuluá.

Así está la puja. Cada vez es más notoria la manera en que los gamonales, los detentadores del poder oficial y algunos padres y madres de la patria participan en el bazar electoral. Saben que invierten para recibir. Saben la plata que se maneja en los cargos públicos y actúan para asegurar el control en los 42 municipios y en la Gobernación.

Es la plutocracia organizada por quienes se apoderaron de la democracia, ya sea para entrar a saco en los presupuestos públicos o para eternizarse en el poder, consiguiendo más y más alcaldías con candidatos dispuestos a compartir el poder que reciben. Cómo será la cosa que el exsenador Juan Carlos Martínez, conocido de autos por sus procederes, ya descalificó por bandido a un exsocio suyo, exalcalde con intenciones de reelección en Cali.

Y qué decir de las asombrosas cifras. Mis fuentes afirman que para ganar la elección en Cali debe disponerse de cinco mil millones de pesos, dos mil millones de los cuales se usan el día de elecciones. Y que en los demás municipios hay candidatos con una solvencia por lo menos sospechosa, que se han vuelto intocables, vaya usted a saber por qué.

Como ejemplo me citaron a Buenaventura, donde una candidata respaldada por el encarcelado exalcalde Eliécer Arboleda y el también preso Bartolo Valencia ya contrató el transporte, un mes antes de las elecciones. Y que la disputa por la alcaldía de Guacarí está al rojo por la confrontación del alcalde que respalda a su sobrino y el palacio de San Francisco. Claro, lo de la sucesión en la gobernación no está en juego.

Y así en muchos municipios donde ya no importa a qué partido se pertenece, sino el patrocinador. Esa es la realidad de las elecciones, al parecer imposible de parar con las frágiles normas y el poco compromiso de quienes deben controlar semejante fraude a la voluntad popular. Por eso, el que no tiene con qué, mejor ni se aparezca.

Son la plutocracia y los intereses creados que bajo el mascarón de acuerdos programáticos se aseguran el reparto del poder, de los contratos y del gobierno. Es el quién da más y la venta vulgar del derecho a elegir, la forma de entregar la dignidad y la decencia a cambio de unas monedas.

Y es la manera vil de cerrarles el paso a las personas que piensan que aún es posible prestar el servicio público con transparencia, principios y ética.

Sigue en Twitter @LuguireG

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