La odisea de Aida

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La odisea de Aida

Febrero 02, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Empezó como una joven agraciada que se vinculó a la política para subsistir. Ahora es una señora condenada por corrupción que ocasiona casi un incidente internacional por su captura en Venezuela.

Hablamos de doña Aida Merlano, quien se apropió del corazón y algo más de uno de los más poderosos contratistas de la Costa Atlántica y del país. Es vox populi que, además de sus matrimonios, don Julio Gerlein le patrocinó a la bella mujer las campañas para elegirse en el movimiento de su hermano, el eterno senador Roberto Gerlein, y del conocido Efraín Cepeda.

Todo era ríos de leche y dinero, de amor y el ¡ajá! tan representativo del espíritu burlón con el que los costeños torean y disfrutan la vida. Todo iba sobre ruedas, facilitado por la costumbre extendida en toda Colombia, la compra de votos y la feria que hace de la política un aberrante ejercicio de plutocracia y una unión al parecer indestructible entre los contratistas y muchos de los funcionarios elegidos para manejar los contratos y el gasto público.

Hasta que algo pasó y alguien sopló lo que ocurría en la sede de nuestra Aida, fiel exponente de la ruina que queda de lo que fue el partido de Caro y Ospina, de Laureano y de Mariano. Aún no se sabe si esa sapeada fue consecuencia de una traición de la candidata al Senado quien, dicen por ahí, coqueteaba y trabajaba para los Char. Y no se sabe si la traición fue sentimental, fue política, fue de negocios o fue todas las anteriores.

Lo cierto es que le allanaron su sede y encontraron la más sofisticada operación de que se tenga noticia para elegir una senadora con la más extraordinaria lista de votantes aceitados con la más enorme suma de recursos que se conozca. Lo cierto es que nuestra Aida terminó con sus huesos en la cárcel por una acelerada sentencia, insólita en los anales de la política y la Justicia de nuestro democrático y jurídico país.

Luego, literalmente voló de un consultorio dental, cayó de nalgas en la calle y fue recogida por un hombre en moto, al parecer el último de sus amores y quien le ayudó a liquidar sus activos en la cárcel de Bogotá.

Como en Pedro Navajas, “no hubo curiosos, no hubo preguntas, nadie lloró”, y el espectacular escape sirvió para el debut de su hija en las redes, en los noticieros, en las revistas semiporno y en los medios que viven del escándalo. Es decir, en casi todos.

Y nuestra Aida se perdió dejando el rastro frío, sin que sus patrocinadores de antes dieran noticia alguna. Nada de nada, a pesar de la cacería de esos medios que no cesan de recordar los nexos de la agraciada excongresista con el contratista Gerlein, sus no confirmadas traiciones con el grupo Char y los escándalos de su sensual hija.

De pronto apareció en Maracaibo con el nuevo novio, con nueve celulares, con plata pa’ botar al aire, con dos militares venezolanos. Y la detuvieron y la fotografiaron y se la llevaron al Helicoide en Caracas y con ella desataron una andanada de improperios y sugestiones que pretenden conseguir el reconocimiento del presidente Iván Duque al tirano Maduro.

¿Qué pasará? Lo único claro es que nuestra Aida ocasionó otra tormenta entre el Maduro ese y el presidente Duque. Ojalá no haya más metidas de patas de nuestro lado y se pueda lograr la solución posible: que la deporten, la pongan en la frontera y la capturen aquí.

Claro, a no ser que alguien esté interesado en que nuestra Aida no hable.

Sigue en Twitter @LuguireG

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