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La minga del absurdo

Octubre 18, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

No vinieron a Cali a exigir que les cumplan las miles de promesas que los gobiernos les hicieron para poder levantar los ‘ene’ bloqueos de la Panamericana y siguen en veremos: vinieron a hacer política.

¿Qué es hacer política? Las consignas decían que es para defender la vida, para protestar por los asesinatos de sus líderes, aunque no hablan de los de otras etnias que han sido asesinados en el Cauca. Que viven en medio de la violencia causada por las bandas que se disputan el control de la coca, de la marihuana cripy, de los corredores que llevan la cocaína y la marihuana hacia el Pacífico y hacia el centro del país. Por supuesto, nada de responder por las invasiones que promueven algunos de sus jefes, o de los negocios que algunos de ellos mantienen con esas bandas de narcotráfico.

Por ello, rechazaron de manera displicente a los siete ministros, ‘Altos Comisionados’ y escribanos que les enviaron para instalar las ‘mesas de concertación’ que conducen a nada. Y aprovecharon la arrogancia cachaca que le recomienda al presidente Duque que no se siente a conversar con un sector importante de colombianos, lo que podría detener la marcha y dejar en sus platas a quienes organizaron una manifestación peligrosa para la salud de las miles de personas que han movilizado con recursos del situado fiscal de las comunidades indígenas.

Los consejeros del Cric decidieron la marcha porque tienen claro el escenario. Sabían que el presidente no se iba a sentar con ellos como haría cualquier gobernante, así se arriesgue a que lo critiquen. Y que tomarse la Panamericana sería perjudicial para su causa, además de un recurso gastado ante el resto de los colombianos.

Entonces montaron en chivas a miles de los miembros de esas comunidades y se los trajeron a Cali, uno de los epicentros de contagio en Colombia. Sin tapabocas, sin cumplir el aislamiento que recomiendan los científicos de todo el planeta, sin la higiene necesarias para proteger su salud y la de las comunidades a las cuales pertenecen, llegaron a la ciudad y fueron amontonados en los alrededores de un gimnasio.

Y como no llegó el Presidente porque la arrogancia cachaca no lo deja bajar a escuchar lo que quieren decirle unos colombianos, continuaron su plan, montar a la muchedumbre en las chivas y arrancar para Bogotá.
Eso sí, con escalas y responsabilizando al presidente Duque de lo que les ocurra, sin importar si esas personas que están usando se convierten en propagadores del Covid-19 en Armenia, Ibagué, Fusagasugá y la capital.

Hasta ahora es una marcha pacífica. Pero también hay que reconocer que el propósito del desfile es sumarse a las protestas organizadas por Fecode, las centrales sindicales y a Petro en Bogotá. Como lo dijo en Cali su vocera, no es para reclamar la que los cachacos llaman la “deuda histórica” del país con las comunidades indígenas.

Hoy deben llegar a Bogotá, y aprovecharán la eterna pelotera de la alcaldesa Claudia con el Gobierno Nacional y los golpes de pecho de una dirigencia caduca que ve en esas movilizaciones la posibilidad de tumbar a Duque. Es la protesta por la protesta.

Y llegarán a lo mismo: a demostrar el poder de movilización de los jefes del Cric y a nada que sea útil para las comunidades que manipulan. Después, los volverán a montar en las chivas, y con seguridad muchos de ellos contagiados por el virus, volverán a sus comunidades a esperar la próxima minga programada por los amos del Cric.

Sigue en Twitter @LuguireG

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