La mezcolanza

La mezcolanza

Julio 29, 2018 - 09:48 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Empezó hace más de veinte años. Hoy ha producido uno de los peores ejemplos de cómo se puede usar la ley para desacreditarla, para venganzas, cuentas de cobro e instrumento eficaz para acabar con la carrera política y la honra.

El llamado a indagatoria del expresidente Álvaro Uribe es la penúltima etapa de una confrontación que se inició desde el momento en que él quiso reelegirse. Es la manera de actuar de jueces herederos de antecesores que abrieron las puertas para que la justicia fuera usada como instrumento para hacer política.

El más notorio fue Augusto Ibáñez, quien en una entrevista como presidente de la Corte declaró la existencia del partido de los jueces y reclamó el poder para ellos. Eso ya se vislumbraba con la centena de congresistas a los cuales se les abrió procesos por parapolítica que ahora, casi veinte años después, aún no terminan y tiene sindicados como Luis Alfredo Ramos a quien han tenido preso y aún no le resuelven acusaciones que llevan más de una década.

Todo se produjo por la confrontación del entonces presidente Uribe y los magistrados de la Corte Suprema. Acusaciones de espionaje, declaraciones del mandatario que fueron contestadas con investigaciones y condenas como las que recibieron ministros y colaboradores del expresidente como Diego Palacios Mejía o Sabas Pretelt, personas decentes que pagaron con su libertad la venganza.

Abrir investigaciones contra quienes se aliaron con delincuentes y paramilitares era y es una necesidad para salvar a Colombia. Pero se fue desviando hasta crear la institución de los testigos falsos y los criminales que tienen el poder de señalar a cualquiera porque alguien los respalda en la sombra. Y la están explotando periodistas y senadores como Iván Cepeda que reciben las filtraciones de la Corte o logran llevar a los estrados a quienes no pueden derrotar en las urnas.

Tan grave es el asunto que mientras a Uribe le tienen procesos por masacres de paramilitares cuando fue gobernador de Antioquia y aún no lo han llamado a indagatoria, el que ocasiona su renuncia fue abierto tres semanas antes de las elecciones de Congreso que ganó su partido y en la cual fue él el más votado. Ahora, a once días de posesionarse el presidente elegido por el Centro Democrático, lo llaman a indagatoria por el hecho, en sólo cinco meses. ¡Maravilla de eficiencia!

Así, la cúpula de la Justicia sigue empeñada en continuar el sendero que marcó Ibáñez, mientras los colombianos padecen la falta de justicia que resuelva sus conflictos. Por eso y porque no imparte justicia a todos los colombianos, la Corte Suprema está desacreditada.

Lo de ahora es un enredo nacido de una denuncia de Uribe al senador Iván Cepeda que se devolvió en su contra. Y está basado en grabaciones y declaraciones que dan para, por lo menos, dudar de la supuesta víctima. Pero todo indica que el propósito es muy otro.

Con su renuncia, Uribe crea graves problemas al Centro Democrático y al gobierno de Duque le propinan un golpe que, ojalá, no debilite su deseo de superar la polarización que heredó, mientras el país recibe un mensaje que desconcierta a quienes no viven de la política ni de los jueces.

Como van las cosas, la última etapa de esta confrontación será el encarcelamiento y condena a Álvaro Uribe. Entonces habrá que preguntarles si quedaron satisfechos a quienes están detrás de esa mezcolanza de la Justicia con la política y la venganza.

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