La feria de las vanidades

Octubre 31, 2021 - 06:55 a. m. 2021-10-31 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Entre el afán de protagonismo de unos, el egocentrismo de otros y la amenaza de la violencia. Así está la campaña electoral para la Presidencia a la República, vacía de propuestas que le ofrezcan al posible votante el rescate de la credibilidad en las instituciones.

En una esquina está el señor Petro, arquetipo de la megalomanía y el adanismo. Es decir, del personaje que se cree inconmensurable, de aquel que ha sido enviado a la Tierra para salvar a los infieles, del que afirma que no hay historia ni nada bueno antes que él y que construirá una nueva nación partiendo del “hombre nuevo” que anuncia el socialismo siglo XXI.

Esa construcción la hará a sangre y fuego, con expropiaciones, azuzando a unos contra otros, sembrando el odio, motivando la discordia con mentiras, verdades a medias y un verbo extraño. Él sabe que la necesidad de audiencias que padecen los medios de comunicación y muchos periodistas es el ambiente perfecto para crear el desconcierto, y no se preocupa por la veracidad de lo que dice. Al final, todo se lo reproducen y se lo amplifican desde los medios de la derecha, en las campañas de la derecha, en todas partes.

Y en la otra esquina están los demás aspirantes que luchan codo a codo, centímetro a centímetro, minuto a minuto por acomodar su egocentrismo. Treinta personajes que se inventan campañas, poses, frases, fotos, pasquines para que los saquen en algún medio. Treinta candidatos que pretenden convencer con descalificaciones entre ellos, que recogen firmas, que inventan movimientos, que crean cuentas en las redes de comunicación y se rodean de centenares de comunicadores sociales en desesperada búsqueda de los minutos, centímetros, reportajes y lo que les ofrecen esos medios, para mostrar que tienen vida y futuro.

Y como espectadores están los colombianos. Aguardando que les digan cómo van a reconstruir ese Estado que se destruye en medio de la corrupción y el clientelismo más espantosos de la historia. Que les indiquen cómo van a derrotar el narcotráfico que ya se apoderó de la mitad del país, y cómo van a defenderlos del vandalismo y la violencia en las calles.

En ese circo de figuraciones todos pierden. Todos se lavan las manos con respecto a lo que está sucediendo con la elección del Congreso, convertida en una repugnante feria del billete que nadie se atreve a mencionar siquiera. Esa elección, que debiera ser el evento más importante de una democracia representativa como la nuestra, es hoy una cueva de rolando a la que prefieren aplicarle el tapen, tapen, de la política nacional.

Es claro que ningún presidente puede hacer algo si el Congreso no lo deja. Por supuesto, podrá salir con declaraciones destempladas, con mensajes llenos de lugares comunes en las cuales las palabras “contundencia”, “les caerá todo el peso de la ley”, “no me temblará la mano” y un eterno etcétera, tratarán de esconder su impotencia para devolverle la credibilidad a la Justicia, la respetabilidad al Congreso y la majestad a la Presidencia de la República.

Es decir, para devolverle el respeto al Estado de Derecho como árbitro, protector e intérprete de la sociedad colombiana. Por eso, los ciudadanos no lo acompañan, ese Estado es débil, no representa la voluntad nacional y está expuesto a que un pequeño soplo lo destruya,
como la decepción encarnada en Petro

En esa feria de las vanidades, cualquier cosa puede ocurrir.

Sigue en Twitter @LuguireG

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