La decadencia

La decadencia

Diciembre 02, 2018 - 10:10 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Todos los días se destapa un escándalo, se descubre un entuerto o una maniobra que aísla a los ciudadanos de su Estado. Y mientras tanto, se ignora la voz del ciudadano de a pie que exige cambios o las tímidas propuestas para reformar lo que impide que las instituciones cumplan los deberes para las cuales fueron creadas.

Este año ha sido quizás el de mayor significado en materia electoral distinta al mantenimiento de las castas políticas tradicionales. Con veintiún millones de votos, doce millones quinientos mil por Iván Duque y ocho millones quinientos mil por Gustavo Petro, las presidenciales mostraron el rechazo, en especial a la corrupción y la manipulación descarada de la paz.

En su inmensa mayoría, esa votación no es de derecha ni de izquierda, sino de colombianos que además exigen cambios a quienes los votos erigen en voceros y a la vez mandatarios de la voluntad popular. Más aún: en un sorpresivo resultado, la consulta anticorrupción recibió el respaldo de doce millones quinientos mil votos, lo que, pese a la derrota, obligó a crear un acuerdo entre los partidos y el gobierno y a la presentación de un puñado de proyectos de ley.

Pero lo que vemos hoy es muy distinto a lo que expresaron los colombianos en las urnas. Como se temía, lo que ahora impera es la voluntad de quienes fueron elegidos al Congreso, la inmensa mayoría de los cuales pertenece a la política antigua, a la maquinaria tradicional, a los movimientos que compran votos.

Esos son los que toman las decisiones, y no precisamente pensando en el beneficio general. Ahora pretenden modificar el artículo 346 de la Constitución para permitirle a los congresistas intervenir en la elaboración del presupuesto nacional y en la definición de las inversiones de la nación. Es la mermelada de antes sin que el Ejecutivo tenga el control del gasto público.

Y en medio del fracaso, crece y se extiende el escándalo de Odebrecht, se revelan las porquerías que cometió la multinacional en nuestro país y se vincula a su socio, el primer contratista del Estado en Colombia. Y se vincula al Fiscal por sus actuaciones, por su falta de actuación, por sus vínculos con unos y otros, lo que lleva a un debate estéril sobre el nombramiento de un Fiscal Ad Hoc, que se acabaría si el titular renuncia por razones éticas.

Para completar, se conoce un video que muestra a Petro recibiendo millones en efectivo de alguien que después fue contratista de su alcaldía. Es la repetición de las prácticas que el exintegrante del M19 ha denunciado y que ahora pretende defender como aportes rutinarios a sus campañas. Eso es ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Entre tanto, el Gobierno es incapaz de defender una reforma tributaria que fue presentada a la carrera y donde se prefería el fiscalismo a la obligación de recortar el gasto desbordado y la corrupción rampante que se queda con gran parte de los impuestos. Y en el Congreso sólo se mueve lo que les interesa a los representantes de la política tradicional para perpetuar su dominio, de espaldas al país y al mandato que expresaron veintiún millones de votantes en junio y doce millones quinientos mil en agosto.

Es la decadencia que nos pone al borde de situaciones como las de Brasil, la de México, la de Venezuela y la de tantos otros países donde los ciudadanos votaron contra lo que los políticos no quisieron cambiar, así signifique el fin de la democracia.

Sigue en Twitter @LuguireG

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