La decadencia

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La decadencia

Marzo 29, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Desde el inicio de la pandemia se le advirtió a Trump sobre la urgencia de tomar medidas drásticas para enfrentar el inevitable contagio en su país. No lo quiso hacer, argumentando la peor de las razones, el ánimo de lucro que lo ha inspirado siempre. Ahora Estados Unidos es el epicentro del coronavirus.

Es la falta de escrúpulos de sus ambiciones de riqueza y de reconocimiento sin importar los principios. Por esa derecha primaria y elemental que desconoce los valores sobre los cuales está basada la civilización occidental, Estados Unidos tiene hoy más de cien mil contagiados y más de dos mil muertos y muchos se niegan al confinamiento que los protege.

Dicen los líderes de esa derecha que encabeza Trump que es preferible que mueran los viejos, que los muertos son pocos y no hay que alarmarse porque se arriesga el capitalismo. Pues ese sistema está en peligro debido a la forma en que ignoraron, del presidente Trump para abajo, el riesgo que crecía en China y azotaba con furia a Italia y a España.

Allí es donde se unen los negocios con intereses políticos que privilegian el mercado por encima del deber que implica gobernar. La mediocridad de Pedro Sánchez en España llevó a que fuera más importante una manifestación organizada por una ministra y la mujer de su vicepresidente Pablo Iglesias que la salud de un pueblo envejecido, lo que disparó el contagio a límites catastróficos, colapsando su sistema de salud y causando hasta ahora seis mil muertos, muchos más que en China cuya población es 30 veces mayor.

O la tragedia de Italia, donde la debilidad llevó a ignorar el deber de prohibir concentraciones como las 45.000 personas en el partido del Atalanta con el Valencia de España. El resultado fue el contagio que ha dejado más de mil muertos en Bergamo, la sede del equipo de Duván Zapata, y diez mil en un país impotente para controlar la pandemia.

Y los iguala a animales como Nicolás Maduro y su corte, a quienes no importa la vida de los millones de venezolanos expulsados de su país, desprotegidos por su Estado que ahora es propiedad de la inmoralidad y la brutalidad. Para ellos basta con tapar las cifras, como si así detuvieran la peste que asesina a sus compatriotas en su país y a los millones que emigraron y padecen la miseria en el mundo, empezando por Colombia.

Eso es el ocaso de la política, la falta de valores y principios que lleva a los triunfadores de una elección y a dictadores a pensar que pueden hacer lo que les dé la gana porque ganaron o tienen las armas, la más tenebrosa danza de la plutocracia y la corrupción que desconoce la esencia de la civilización. Es la que hace ver la ley como un instrumento para enriquecerse y no como el conjunto de principios que crean obligaciones a los gobernantes.

Eso es la decadencia. La de la derecha de Trump o de Bolsonaro en Brasil que desconoce la realidad, privilegiando el tener antes que el ser, y la del comunismo del tirano de Venezuela que pisotea los seres humanos para mantener la inmoralidad. En el medio están los débiles que como en Italia y España, o en México, tratan de justificar su patética incapacidad.

Son los extremos que tratan de convencer a través de Fox News o los medios de la tiranía venezolana que son muy pocos los seiscientos mil infectados y los treinta mil muertos que ha dejado la pandemia; que no importa sacrificar a los mayores de setenta años a pesar de que la humanidad lucha por prolongar la existencia de todos los seres humanos.

Sigue en Twitter @LuguireG

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