La confusión

La confusión

Abril 14, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

¿Qué nos pasa? Esa es la pregunta que se hacen cada vez más colombianos, mostrando su preocupación acerca de lo que está sucediendo. Como si no nos diéramos cuenta, el orden y la cordura parecen diluirse en medio del egoísmo de unos, de las ambiciones de otros y de los intentos por imponer el caos mediante el abuso de la protesta social.

Aprovechando que llegaba un nuevo gobierno inexperto y sin las mayorías que por todos los métodos posibles construyeron los presidentes de los últimos veinte años, durante el segundo semestre de 2018 se produjeron más de trescientas de esas protestas. Y por cualquier razón.

Los estudiantes que reclaman poder, Fecode que ya tiene la agenda de paros llena para los próxima década, las universidades públicas pidiendo más recursos, los ecologistas, los Lgtbi, todo el mundo le siguió la idea a Gustavo Petro, el gran derrotado de las elecciones de junio. El populista de la línea Chávez anunció entonces que su línea de acción serían las movilizaciones, y vean lo que está pasando.

Y la política tradicional está más desacreditada que nunca por no responder a las necesidades de la sociedad. Es claro que no le importa lo que piensen los votantes después de que los hayan elegido pues saben que a partir del momento en que reciban su credencial el poder es de ellos.

Por eso, Petro recibió tantos votos. Pero a él tampoco le interesa lo que piensen los demás y hace lo que a él le interesa. Con sus Ferragamo se mete en el barro en la minga o se va de sapo a la Corte Penal Internacional. Y a su lado está Alexánder López azuzando la rebelión indígena mientras en el Valle lo tienen como líder de la bancada de sus congresistas, a pesar de haber sido uno de los artífices de la ruina de Emcali e instigador del paro azucarero del 2008.

Y sigue el forcejeo por las cuotas y los contratos que el presidente Duque se negó a repartir. Propuso un paquete legislativo que casi todo fracasó, se embarcó en una reforma tributaria que lo mando al infierno del rechazo social y debió remendar. Ocho meses después, empieza a quedarse sin partido y sin respaldo, ante las ambiciones no satisfechas, los errores y vacíos estratégicos y la evidente fragilidad de unos ministros inexpertos aunque bien calificados.

Y los colombianos de provincia vemos cómo el terrorismo se toma a Univalle, cómo infiltra la minga que manipula el Cric, cómo crecen el narcotráfico y los espacios donde no llega el Estado, cómo llegan más y más venezolanos expulsados por la tiranía representada por el infame Nicolás Maduro mientras el régimen chavista financia la anarquía de aquí disfrazada de protesta social.

Pero el centralismo bogotano parece no entender lo que pasa en el resto de Colombia. No quiere saber del crecimiento del narcotráfico o de la corrupción, es indolente ante las amenazas que vive el Suroccidente o la desintegración del Chocó y la de la frontera con Venezuela. Y sus dirigentes están agarrados por las objeciones a la ley de la JEP que ya no importan o por arrodillar al gobierno, aprovechando su estremecedora minoría y su, al parecer, candorosa ingenuidad.

La lista de inquietudes puede ser infinita. La verdad es que Colombia está en la confusión y no parece tener el liderazgo para superar el desafío de una clase política de espaldas a la realidad nacional, al populismo desbordado y a una delincuencia que avanza a pasos agigantados.

Sigue en Twitter @LuguireG

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