¡Impuestos!

¡Impuestos!

Febrero 03, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Atormentado por el acoso de los impuestos, un amigo me escribe casi a diario sobre la manera en que el Estado aprieta a los que sí los pagan mientras no se toma la molestia de rendir cuentas sobre su destino. Y destaca la manera en que se pretende financiar el ansia de gastar lo que no se tiene en lo que no sirve, mientras ofrecen toda clase de descuentos a quienes no pagan.

En su último correo, mi amigo analiza el efecto que tendrá la última reforma tributaria o ‘Ley de Financiamiento’. “Menos mal se cayó casi toda”, dice el corresponsal, y agrega: “¿Usted se imagina lo que hubiera pasado si permiten que graven las pensiones o autorizan más impuestos a los salarios?”. Y eso que no mencionó el abuso que se comete con el precio de la gasolina, cuyos impuestos son por sí solos una reforma tributaria.

El amigo pone dos ejemplos. El primero, el túnel de La Línea. Contratado hace once años por $600.000 millones para ser terminado en 70 meses, el complejo aún no se termina y según el presente gobierno durará hasta finales del 2020, es decir, 132 meses. Cuando acaben se habrán gastado o ‘invertido’ tres billones de pesos y habrá una nueva generación de colombianos. Quien pase por la carretera Ibagué Armenia puede ver los túneles, puentes y viaductos abandonados.

El otro es el del parque lineal del río Cali. Diseñado por prestigiosas firmas europeas y sensibles artistas caleños, al proyecto se le han adosado arandelas que lo han hecho interminable. Resultado: una obra que debía costar $19.443 millones se ha tragado $34.852 millones, y aunque le dijeron a la ciudad que sería entregada en 18 meses, van cuarenta y ocho, se dice que le faltan $3.500 millones de pesos más y no se sabe una fecha de terminación.

¿Con qué se pagan esas obras? Con sus impuestos. Ahora, además de haber creado varios impuestos en el 2018, el Municipio de Cali anuncia un alza del predial entre el 10% y el 25%. “Es la ley”, dice el vocero del gobierno, no obstante que esos porcentajes son límites máximos y la ley no obliga a aplicarlos de una vez. Mientras tanto y como cortina para desviar la crítica, se anuncia el ‘papayazo’ que reducirá un 90% de los intereses y sanciones a los morosos que deben tres billones de pesos, casi el presupuesto de un año.

Esos morosos, muchos de los cuales carecen de recursos, tampoco pagarán el alza del predial que grava en un 10% al estrato uno: aumentará entonces la cartera vencida y el incremento afectará sólo a los cumplidos. Y en la alcaldía dicen que están dedicados a “lo social”, que no les interesa el cemento ni van a hacer las megaobras que cobraron por valorización a los contribuyentes del predial.

“Si no le gusta, quéjese”, es más o menos la respuesta que les dan a quienes expresan alguna inquietud, aunque sus autores saben que no serán pagados porque no reflejan la realidad de la ciudad. Y entre tanto, el municipio no ejecuta como debiera el presupuesto, regala veinticinco mil almuerzos diarios y en los bancos se acumulan los impuestos pagados por los cumplidos.

“Tanto la administración municipal como la nacional viven de espalda a la realidad económica de sus gobernados. Todas estas nuevas políticas empobrecen cada día más a la clase media”, dice mi amigo en su correo. Estoy de acuerdo con él, y agrego: enriquecen a los evasores, a los que viven de la corrupción y a los contratistas mientras estimulan la evasión y el descrédito del Estado.

Sigue en Twitter @LuguireG

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