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Imitando a Maduro

Noviembre 15, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Ocho días después de realizadas sus elecciones presidenciales, los Estados Unidos no conocen sus resultados finales, su presidente Donald Trump se aferra al puesto y desconoce el triunfo de su rival demócrata. Es la llegada plena de los vicios con los cuales el absolutismo ha causado estragos en esta Latinoamérica que tanto desprecia el extraño huésped de la Casa Blanca.

Y allí está rodeado de abogados, gastando un infierno de dólares para tratar de evitar que siga el conteo de votos. Esos conteos que aún no terminan en ninguno de los Estados que conforman la unión, que son manejados por ellos y en los cuales no interviene ninguna autoridad ni consejo electoral del gobierno central. Allí está la clave del federalismo, y a la vez la razón por la cual todavía no hay un ganador oficial.

La declaración de Biden como ganador es producto de una larguísima tradición en la cual los medios de comunicación reconocen las tendencias de la votación y los presidentes en ejercicio reconocen esos datos como ciertos, preparando la transición y aceptando como ciertas esas tendencias, mientras llega el reconocimiento oficial del colegio electoral. Esta vez, Trump rompe esa tradición, siembra la duda y amenaza mientras echa a los secretarios que considera traidores y brama por Twitter su frustración.

Es como un mico en un pesebre. Al estilo de Nicolás Maduro, Trump vocifera contra el establecimiento gringo representado por Biden, destroza la credibilidad en el sistema electoral, arenga a los extremistas que lo siguen y compromete al partido Republicano en su cruzada personal, a pesar de que ese partido conservó las mayorías en el Senado y puede liberarse de semejante carga, la de soportar al que puede considerarse dictador al estilo gringo.

Todo ese espectáculo parece tomar por sorpresa a los Estados Unidos. Mientras tanto, Fox News, el canal de televisión que veía Trump a toda hora mientras tomaba Coca Cola diet y llamaba a sus periodistas a decir lo que se le ocurría, se acomoda y se distancia de su protegido.

Pero no hay tanta sorpresa. La democracia allá parece funcionar y lentamente se impone la aceptación del triunfo de Biden. Es que aparecieron 145 millones de votantes, 51% de ellos a su favor, la inmensa mayoría de los cuales lo hizo contra Trump, quizás el presidente que más daño le ha causado a USA. Contrario a lo ocurrido hace cuatro años cuando Hillary Clinton ganó las elecciones pero perdió la presidencia, esta vez se alinearon los planetas gracias a el rechazo que fue capaz de construir Trump en su presidencia.

El sistema electoral es una de las tantas contradicciones que tienen los Estados Unidos. La otra es la gran división social y los temores de las mayorías blancas por el crecimiento de la migración, la causa de tantas guerras silenciosas que se expresan en el racismo y la discriminación, como si esos blancos no fueran también inmigrantes. Y la demostración de la debilidad en su educación, reflejada en los 70 millones de votos que apoyaron el totalitarismo elemental y peligroso del trumpismo, algo muy cercano al fascismo.

A pesar de esas falencias, Estados Unidos sigue siendo un gran país con una calidad de vida superior y el epicentro de las libertades. Y no obstante sus imperfecciones, sigue siendo un país democrático donde se pueden derrotar los dictadores con votos, hay libertad de prensa y funciona la separación de poderes que impiden los intentos de Trump por imitar a Maduro.

Sigue en Twitter @LuguireG

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