Hora de negociar

Hora de negociar

Abril 28, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Como van las cosas, al presidente Duque le espera otra muenda en el Congreso por cuenta de su minoría y su negación reiterada a establecer alianzas que le permitan cumplir su deber de gobernar. Y si bien es necesario acabar con las formas tradicionales de repartir el poder o untar de mermelada a los congresistas para comprar su apoyo, ello no puede llevar a la confrontación que amarra las manos de los gobernantes y lleva a la esterilidad que le hace daño a todo el país.

El semestre pasado fue la antesala de lo que serán los próximos cuatro años. Un Congreso donde las mayorías, es decir quienes mantuvieron el poder en los últimos dieciséis años, se acostumbró a recibir cuotas a cambio del control político o de sus votos, no podía cambiar de la noche a la mañana. Ahora, esas mayorías son oposición y el partido gobernante apenas pudo lograr sumar lo que queda de ese partido conservador arrodillado de las últimas épocas.

Ese partido, o por lo menos sus jefes, eran santistas genuflexos de primera línea, hasta que la facción que no comulgaba con ellos les dio el golpe con Martha Lucía Ramírez. El resultado fue la transacción mediante la cual la candidata conservadora se convirtió en fórmula presidencial y luego en vicepresidenta. Por ello, los congresistas conservadores defensores de la paz de Santos son ahora incondicionales de las objeciones del presidente Duque a la ley reglamentaria de la JEP.

Pero el gobierno ya no tiene cómo convencer a los demás que, como los liberales que lo respaldaron en su elección, la mitad del partido de la U y más de un integrante de Cambio Radical, se quedaron esperando que los llamaran a ser parte del gobierno o que les dieran mermelada. Resultado: la derrota de casi todas las propuestas legislativas de su
primera legislatura, aumentada por el desastre de una reforma tributaria que incluso dividió su partido, el Centro Democrático.

Vino el segundo round y todo indica que las cosas serán peores. Salvo el Plan de Desarrollo, todo va camino a otra pela. Y esta vez, sera encabezada por la derrota estruendosa que sufrirán las objeciones a la JEP y las limitaciones para sumar votos o siquiera negociar con una oposición envalentonada por el poder que les da el ser mayoría, el no tener que rendirle cuentas a sus electores, de tener cerca las elecciones regionales y de estar elegidos por cuatro años.

En esas condiciones, el futuro del gobierno será marcado de forma irremediable por la soledad para afrontar los problemas nacionales como el narcotráfico, la violencia y el abandono que padecen las regiones. Y seguirá expuesto a la estrategia de la izquierda que se apoderó de la protesta social para converirla en movimiento político que neutraliza el respaldo ciudadano.

Salvo que haya una rectificación para construir un consenso aterrizado en las realidades nacionales. Que se entienda que los amigos de Washington que han creado un círculo de hierro en la Casa de Nariño se equivocaron y han llevado al gobierno a la fragilidad más grande desde 1998, creyendo que por el hecho de ser gobierno el respaldo de los políticos estaría asegurado.

Estamos en Colombia y no es malo negociar y hacer coaliciones para lograr la gobernabilidad que incluya ministerios, basadas en acuerdos para resolver la crisis del Estado. Lo malo es entregarse a la mermelada corrupta o mantener la ingenuidad que entierra gobiernos, aunque tengan la razón.

Sigue en Twitter @LuguireG

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS
Columnistas