Honor a quien lo merece

Honor a quien lo merece

Agosto 26, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Una maleta por lo general raída y cargada de agendas donde anotaba hasta lo más insólito. El lápiz negro con el cual apuntaba el compromiso en borrador, ya fuera con un Presidente de la República o con el o la líder de la vereda más remota; y el bolígrafo negro cuando había concretado ese compromiso y el rojo para destacar la importancia de lo realizado.

Germán no era igual a todos los políticos. Era único porque respetó siempre la palabra empeñada y cumplía lo que prometía, porque era capaz de avizorar las consecuencias de lo que ocurría. Nunca fue el de las grandes obras, a pesar de lo cual las promovió, las ayudó y las gestionó. Era reservado al extremo, y su espíritu de demócrata conservador lo llevó a tomar posiciones valerosas.

Corría enero de 1995, el inicio de su primera Gobernación del Valle. Al despacho llegaron los generales a realizar el primer consejo de seguridad, esas cosas inútiles que solo sirven para asustar y presionar a los gobernantes. Los militares trajeron su carpeta, muy organizada por cierto, con la propuesta de permitir la creación de las Convivir en el Valle, engendro autorizado por el funesto presidente Samper que terminó siendo la puerta para muchos horrores.

Los altos mandos estaban optimistas, pues solo faltaba la firma del Gobernador conservador. Germán los dejó hablar como era su costumbre. Cuando terminaron, les dijo, más o menos: “La Constitución le ha dado al Estado, en especial a la Fuerza Pública, el monopolio de las armas para que protejan a los colombianos y no para que se las entreguen. Mientras yo sea Gobernador, en el Valle no existirá una sola Convivir”.

Y así fue. Dos años después, la Corte Constitucional citó a una audiencia para resolver la legalidad de esos engendros. Por la continuidad citó al gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe, quien hizo una documentada y elocuente defensa. Por el no, llamó al gobernador del Valle, quien trabajó su ponencia con Germán Patiño. Fue el discurso más claro, más poderoso y más democrático que le escuché a Villegas.

Y así era todo. Era un maestro para interpretar las encuestas de opinión. Un líder que prefería escuchar durante horas a los vallecaucanos con su correo de la esperanza. Un hombre amplio, generoso y bueno que tuvo como su asesor a un marxista fundador del Moir, Germán Patiño, y le dio alas para crear lo que hoy es el reconocimiento justo a la cultura del Pacífico en el Petronio Álvarez.

Su empatía con la gente era tal que en encuestas que realizamos en silencio, aparecía con una aprobación del 98 % al término de su primer mandato. Eso le valió que bellacos encabezados por su sucesor y por una Fiscalía ávida de gobernador preso, le abrieran un expediente que nunca pudieron culminar como lo querían, con Germán en la cárcel.

No pudieron evitar su reelección, pero le hicieron un daño personal enorme. Fue un político a la usanza de los ochenta y noventa. Fue rebelde, incluso con su jefe Carlos Holguín, quien le abrió el camino a quien fuera uno de los gobernantes más recordados del Valle.

Fue un hombre particular, a veces extraño en sus gustos, que se cuidaba al extremo, trotaba, caminaba, jugaba voleibol y adoraba a su familia, a sus padres, a sus hermanos, la logia de los Villegas, a sus hijos.

En medio de las polémicas naturales a la política, Germán Villegas Villegas fue sin duda un hombre merecedor de los honores que tuvo, de los reconocimientos que le hicieron los vallecaucanos sencillos y los más poderosos.
Sigue en Twitter @LuguireG

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