¡Histeria!

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¡Histeria!

Marzo 01, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Muchos han sido los damnificados por el coronavirus de Wuhan. Lo que poco se sabe es cuántos son los beneficiados por el miedo y la paranoia que se ha desatado.

A pesar de que aún no se conocen sus alcances y de la casi certeza de que no sean tan catastróficos, el mundo está conmocionado y la gente espera con ansiedad las consecuencias. Ver ciudades de China vacías o el pánico que hay en Italia, donde hasta el fútbol pende de un hilo, demuestra que el miedo puede ser el gran ganador, así destruya la confianza mundial.

Por ello, el segundo ganador son los medios de comunicación dedicados a cualquier cantidad de especulaciones, alarmas, remedios, entrevistas y anuncios muchos de ellos apocalípticos. En eso se destacan las redes sociales en las cuales se hacen los anuncios más aterradores y se ofrecen los más insólitos remedios como tomar agua de ajo durante no sé cuántos días. ¡Guácala!

Cómo será el miedo, que en Cali ya no se consigue un tapabocas en las droguerías. Pregunte y verá. Pero usted no ve en la calle a nadie usando esos bozales porque no ha llegado aún el virus esperado. Así, los segundos ganadores son los fabricantes y vendedores de esos horribles adminículos que producen temor con su presencia.

Es claro que el coronoanimal se expandirá de manera inexorable por todo el mundo. Por eso aparecen contagiados en Japón, Irán, Barcelona, Milán, Francia, Chile, Brasil y un largo etcétera que pronto cubrirá el planeta entero. Hasta sirve para criticar a Donald Trump o a Iván Duque.
Y se producen movilizaciones heroicas como la traída de los 17 colombianos de Wuhan, a pesar de que allá estaban más seguros que aquí.

Ese nerviosismo ocasionó la caída en los mercados internacionales pues China es la segunda locomotora de la economía mundial, con el consecuente impacto en las bolsas de valores. Aparece entonces el tercer ganador, los especuladores que manipulan esos mercados y compran acciones y títulos baratos mientras pasa el temor, para después liquidar sus utilidades.

A pesar de los miles de muertos que hasta ahora se han producido, la Organización Mundial de la Salud ha sido clara en precisar lo que está ocurriendo. Doña María Neira, su directora de salud pública y medio ambiente fue clara: Aunque es posible que haya una epidemia, debe saberse que el 80% de los infectados no desarrolla ningún síntoma, que entre el 15% y el 17% de ellos pueden presentar síntomas leves y que sólo se presenta una mortalidad entre el 0,7% y el 2%, en especial, en personas con enfermedades previas o de edad avanzada.

Otro tanto ha dicho el Ministro de Salud, quien recomendó pasar del coronavirus a la coronacalma y evitar consecuencias peores que redundan en la confianza pública necesaria para desarrollar cualquier actividad humana. Pero esas voces no parecen ser escuchadas ni merecen la credibilidad de quienes desde los micrófonos y los medios se empeñan en anunciar una amenaza apocalíptica.

Por supuesto, el virus es peligroso y hay que tomar medidas para enfrentarlo y atender las consecuencias que sufrirán quienes sean contagiados. Pero de ahí a crear la pandemia que se pretende anunciar, hay mucho trecho.

Es la histeria, la diferencia entre la racionalidad que recomienda hacerle caso a los científicos y el miedo que pretenden crear los profetas del fin del mundo. Es el virus que navega en las redes y los medios de comunicación.

Sigue en Twitter @LuguireG

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