Gracias, pero no

Gracias, pero no

Septiembre 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

A raíz del proceso con las Farc, a Colombia le han aparecido novias de todos los pelambres. En muchas ocasiones uno no sabe si de lo que se trata es de colarse a nuestro país para legitimar alianzas perversas vestidas de colaboración desinteresada.En el primer lugar está el peor de los vecinos, la dictadura que encarna Nicolás Maduro. Desde hace 18 años, cuando Hugo Chávez se tomó el poder, la presencia de sus lugartenientes aquí fue constante. Encabezados por su ministro de inteligencia, Ramón Rodríguez Chacín y su sucesor, el general Henry Rangel, ellos proveían de armas a las Farc, les dieron abrigo a los cabecillas, les permitieron montar campamentos en territorio venezolano.Y claro, de la mano de mi capitán Diosdado Cabello montaron el cartel de los soles, uno de los corredores más exitosos para llevar la cocaína de las Farc hacia los Estados Unidos y Europa. Todo ello fue cubierto con el velo de la ‘ayuda humanitaria’ para liberar a los secuestrados, manejada con destreza por el coronel Chávez y orquestada por nuestra inefable Piedad. Secuestrados que les entregaban luego de años de cautiverio y aparecían con sus figuras fantasmagóricas, mientras en Colombia eran filmadas sus humillaciones que luego las entregaban a Telesur para ser difundidas.Y uno aquí, aguantando los discursos que mostraban la falsa modestia del coronel y doña Piedad, que se reían mientras esas personas debían agradecerles, cómo no, su regreso a la libertad. Nadie contaba que ellos fueron transportados en medio de miles de hectáreas de coca que ponían la materia prima para el negocio del cual se enriquecieron a ambos lados de la frontera, en medio de invocaciones permanentes a la Revolución Bolivariana.Hasta que el negocio no aguantó más y se produjo la reacción del gobierno de Álvaro Uribe y de su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos. Después los avances de la Fuerza Pública permitieron empezar a doblegar la capacidad de destrucción de la guerrilla y le quitaron de las manos a los secuestrados. Entonces, Chávez entendió que el filón se había agotado. Y se fue para Santa Marta a ofrecer su desinteresada colaboración en los diálogos con las Farc. Allí empezó la nueva amistad, a la par que se iniciaron en firme las negociaciones, aunque Diosdado, Rodríguez, Rangel y otros de similar calaña siguieron con la narcoindustria.Años después, la negociación está a punto de caramelo, y ya se inicia la labor de los delegados de la ONU para la desmovilización y entrega de armas. Claro, ya Maduro ofreció cien observadores para formar parte de los cuatrocientos cincuenta integrantes de la misión internacional que cumplirá ese papel. Es una modesta contribución de apenas uno de cada cuatro miembros encargados de cumplir el compromiso de la Organización mundial.Si se acepta la propuesta, cien tipos de Maduro y Cabello serán neutrales guardianes de las zonas de desmovilización. No sería raro que fueran encabezados por Rodríguez Chacín, o por el general Rangel. Y nos harán creer que ya no hablarán de narcotráfico, rutas y cargamentos ni de la alianza bilateral que se enriqueció con la coca y convirtió en mercancía la vida de los secuestrados. Si la ONU y el Gobierno aceptan la oferta, la revolución bolivariana será parte de nuestra historia como garante de la buena conducta de las Farc. ¡Háganme el favor! Como dijo Alejandro Sanz, “te agradezco, pero no”. Que mejor se queden cuidando el hambre a la cual condenaron a Venezuela.

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