Frustraciones

Frustraciones

Junio 12, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Dos intentos por airear la política en Colombia para incitar la participación del ciudadano en las decisiones públicas, cayeron en la decepción. Con las dificultades propias de una ideología y de unos dirigentes excluyentes, el Polo Democrático Alternativo nació y creció, llegando a gobernar a Bogotá. Con sus contradicciones, la izquierda democrática alcanzó el segundo cargo del país, creando grandes expectativas desde el gobierno de Lucho Garzón. Incluso Carlos Gaviria, representante eximio de la intransigencia dogmática, recibió más de dos y medio millones de votos, lo que demostró el interés de los colombianos por renovar la política. Pero la alianza con la Anapo de los Moreno Rojas, y con Jaime Dussán, ilustre clientelista de Fecode, ocasionaron el fracaso del Polo. A sus miembros les debe doler el alma porque su partido se debiera usar para defender a Samuel e Iván de las acusaciones de corrupción, precisamente el tema que lo constituyó en alternativa. Y que sus propósitos de democracia culminaran en manos de radicalismos estériles y pasados poco claros como los de Alexánder López en Cali. Gracias a esos errores, y a la incapacidad de autocrítica, se desvanecen los destellos de control político serio como los que ha realizado Jorge Robledo. Y por causa de los egoísmos, la labor de Gustavo Petro en el Senado se diluye en un movimiento amorfo, mantenido sólo por la retórica cansada del auto candidato. Quizás sea posible que el Polo subsista como partido. Pero ya no será alternativa. Otro tanto le ocurrió al Partido Verde. Ante el desprestigio de los partidos tradicionales y el de la U, que pese a su reciente aparición resume los vicios y mediocridades de sus antecesores, tres buenos alcaldes de Bogotá y el más carismático de Medellín hicieron una alianza basada en un discurso claro y directo: ser creíble y confiable para la gente hastiada de tanta corrupción y deseosa de cambiar un régimen cuya ambición era mantener a Álvaro Uribe como presidente, el gran error del líder antioqueño. Su discurso pegó en menos de dos meses. Lucho Garzón, Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y Sergio Fajardo encarnaron las aspiraciones de una clase media que veía en ellos la posibilidad de cambio y las ilusiones de una juventud ansiosa por participar en la política. Hasta que ellos decidieron que eran más importantes que el embrión de partido que tenían entre manos y despilfarraron un patrimonio político enorme. Y al discurso incoherente de Mockus se le sumaron sus veleidades mesiánicas que descalifican incluso a sus amigos. Entonces se produjo el triunfo de Santos y la derrota de Mockus el iluminado. Ahora, cuando Peñalosa puede recuperar la Alcaldía de Bogotá, reaparece el Mockus que descalifica y quiere ser candidato, desconociendo las reglas de juego que él implantó. Con lo cual pone a Peñalosa en la cuerda floja y desbarata, tal vez para siempre, al Partido Verde. Así se frustra la política alternativa y moderna. Y la culpa de que subsista una hegemonía anacrónica, proclive a los escándalos de corrupción y a la inmoralidad, ya no será de la falta de democracia. Los culpables serán quienes en el Polo y el Partido Verde fueron inferiores al mandato de los que creyeron en ellos como promotores del cambio. ¿Acaso estaremos condenados a ser gobernados por la hegemonía de siempre?

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