Entre el odio y el miedo

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Entre el odio y el miedo

Mayo 31, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Un racismo que nunca han superado, una violencia que con frecuencia explota por la segregación racial y un presidente que vive de las redes sociales y ahora se va en contra de ellas. Es el coctel con el cual los Estados Unidos pasa la pandemia más letal del último siglo.

Lo del racismo es inocultable. A pesar de haber tenido un presidente negro, de maquillar las cosas cambiando su denominación de negro a afroamericano, de ofrecerles toda clase de subsidios para tratar de mantenerlos a distancia, los negros en Estados Unidos siguen estigmatizados. Y aunque hay progresos innegables, parecen condenados a vivir en guetos y a padecer el aislamiento, lo que también es impulsado por el odio contra los blancos que alimentan los radicales.

Esa bomba ya produjo la guerra de secesión en el Siglo XIX, en la que fue fundamental la abolición de la esclavitud. Pese a que se logró la libertad de quienes fueron pisoteados en su condición de seres humanos y usados como meros objetos, la segregación legal siguió durante más de un siglo. Hasta que la protesta y la conciencia de líderes blancos acabó algunas de esas discriminaciones, lo que no ha impedido que en la mente de muchos policías esté la consigna de que un negro es delincuente salvo demostración en contrario.

Pero el resentimiento continúa, y a cada rato se presentan nuevos hechos. El último fue el asesinato en Minneapolis de un hombre acusado de usar un billete falso. Lo apresaron, lo sometieron, el tipo no se resistió, le pusieron una rodilla en el cuello y murió ahogado gritando que lo dejaran respirar, mientras varias personas grababan la terrible escena y reclamaban a los policías que se estaba muriendo.

Pues a los policías que así procedieron, dos de los cuales tenían acusaciones de maltrato y violencia racial, apenas los despidieron y a uno ya lo acusaron de asesinato. Sobrevinieron entonces los incendios y la indignación que crece en los Estados Unidos contra semejante barbarie. Y revivieron otros hechos donde la brutalidad policial tiene como blanco a los negros, mientras la policía detenía a un reportero de CNN, de origen colombiano, por negro.

Faltaba el sheriff mayor, Donald Trump. Con su obsesión de ser reelecto y sabiendo que tiene las teclas para mover la supremacía blanca, trinó su odio y amenazó con reprimir a bala la protesta nacida en ese odio racial que, como un veneno, divide la sociedad estadounidense y siembra el miedo. Es su manera de apelar a los instintos más primarios de sus seguidores, en vez de convocar a la concordia como presidente que es de su país.

Y de nuevo, Twitter señaló el mensaje de Trump. Así como antes advirtió que el presidente usaba ese medio para decir mentiras, en este caso lo calificó como incitación a la violencia, lo que aumenta la intransigencia de un presidente que parece guiado por el odio contra lo que no sea de su agrado. Ahora, la libertad que permite escribir en esas redes cuanta barbaridad se le ocurra a cualquiera tiene su gran enemigo en el mayor de sus beneficiarios, Donald Trump.

Eso ocurre en el país más desarrollado, en uno de los epicentros de la fusión de culturas más apasionante. En un país donde todas las razas han tenido cabida y donde nació el jazz, la más extraordinaria expresión del espíritu negro, la segregación existe, la caverna está en la esquina, y el odio y el miedo andan por sus calles y en la presidencia de los Estados Unidos.

Sigue en Twitter @LuguireG

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