En el vacío

En el vacío

Agosto 11, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

¿Qué pasó con la carretera a Buenaventura? ¿Cómo se van a resolver los daños y peligros causados por los deslizamientos en el kilómetro 98 de la vía entre Buga y la ciudad más importante de Colombia sobre el Pacífico? ¿A dónde van a parar, cuánto valen y qué están haciendo en Bogotá con los recaudos de los peajes en las carreteras del Valle?

La respuesta: misterio. O más preciso, las palabras distantes de una Ministra encartada con una propuesta de acuerdo para la vía más polémica de Colombia, la Ruta del Sol 2; de su gerente de Invías que ignora de manera olímpica los reclamos de los vallecaucanos, y de un Ministerio de Hacienda que guarda silencio mientras sigue atesorando los millonarios recursos que a diario pagan los usuarios de las carreteras de la región, cada vez más abandonadas.

En resumen, no hay respuestas y al parecer no hay poder humano ni divino que obligue al centralismo a responderle a la provincia. Es increíble que enfrentar el derrumbe dure por lo menos ocho meses, que una vía vital para todo el país sea ignorada y no se sepa ni cómo se va a terminar, ni cuánto vale su terminación ni cuándo se adjudica la concesión que lo hará, ni cuánto va a poner el Gobierno Nacional, ni cómo se garantizará que se acabe la tomadura de pelo.

Pero claro, como no es un derrumbe en la vía de Bogotá a Villavicencio, ni en lo que ocurre con las vías del Valle está involucrado el contratista más grande y poderoso del país, ni los medios bogotanos no están encima de la ministra y del Presidente reclamándole, nada importa. O lo manejan como se hace siempre, dándoles citas a los gobernantes y congresistas de la parroquia, dejándolos hablar para después ignorar sus reclamos.

Lo de los peajes se parece más a un despojo descarado de la plata que debería ser invertida en las vías de la región y en financiar los nuevos desarrollos viales que necesita el Valle para resolver sus problemas de movilidad y construir las vías modernas que comuniquen el sur del país. Es absurdo que la doble calzada a Popayán la hayan ignorado en Bogotá, a pesar de su importancia estratégica, política e incluso de orden público.
Parece mentira, pero así estamos. Hace trece años, una avalancha en la vereda Bendiciones obligó al Gobierno de entonces a comprometerse en la construcción de la doble calzada a Buenaventura y a hundir o aplazar la insensatez de un puerto en Tribugá. Incluso, los vallecaucanos aceptamos que la vía se llamara Bogotá-Buenaventura con tal de lograr su realización.

Hoy, dos décadas, o mejor, medio siglo después, esa carretera sigue sin terminarse y padece la amenaza del abandono. Y los peajes del Valle no se usan en las carreteras de nuestro departamento, además de que no se sabe cuánto ha acumulado el Invías ni cuánto vale el recaudo diario de ellos.

Nadie da respuestas porque no hay la presión que se requiere o porque la burocracia bogotana considera que el Valle no tiene importancia o porque el Ministerio de Hacienda se queda con los recursos. O porque es más importante responder por las embarradas que cometió la Ministra en el entuerto desapacible de la conciliación en la Ruta del Sol 2, que también involucra al contratista más grande de Colombia, que responder como debe ser a una provincia cada vez más distante de los poderes ubicados dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas.

¿Hasta cuándo seguirá el Valle en el vacío de silencio que le aplica el centralismo?

Sigue en Twitter @LuguireG

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