El tema es que no hay tema

El tema es que no hay tema

Diciembre 23, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Se llegó el temido día. Entre los aguinaldos cada vez más escasos, las carreras más afanosas y el barullo de una ciudad atrancada por todas partes, la verdad es que me quedé sin tema.

Ustedes comprenderán la pereza que produce hablar de política un veintitrés de diciembre cuando esperamos el Niño Dios. O ponerse a criticar o a alabar a los gobiernos o a los gobernantes por lo que hicieron, por lo que dejaron de hacer, por lo que anuncian y no cumplen, por lo que cumplen y no avisan.

Y menos a los congresistas o a los jefes políticos o a la espesa fronda que los rodea. Y qué tal otra vaciada a Nicolás Maduro, o a la izquierda que pretende mostrarse como la dueña de Colombia o a los delirios de grandeza de Petro y sus chuspas llenas de plata rara y los temores de una burguesía confusa que teme la llegada del ‘castrochavismo’, el invento de unos para hacer votar a los otros.

Y qué tal referirse a las piruetas verbales de Fajardo o a los líos que le ha tocado enfrentar a Uribe con el nuevo Presidente, el quinto que elige en línea, dos él dos Santos y ahora el flamante Iván Duque. Y volver a hablar de la paz de Santos, de los cincuenta mil votos de la Farc, de la soledad en que quedaron quienes vivieron de ese cuento, del mar de coca que nos costó ese proceso, de los cientos de toneladas de cocaína que exportamos, de las toneladas de basuco que venden en las calles y de los mil asesinatos que hubo en Cali este año.

Ni qué decir de las barrabasadas permanentes de Donald Trump. Sobre sus negocios, sobre su racismo, sobre su soberbia, sobre los horrores que les dice a sus secretarios, sobre los secretarios que le renuncian cada semana, sobre sus peleas con China, sobre sus insultos a los europeos, sobre las bestialidades de él y de su jefe de prensa contra el prensa libre de los Estados Unidos, sobre la manera en que la prensa libre de los Estados Unidos aprovecha el que sea considerada la líder de la oposición contra el pobrecito Donald Trump.

No me imagino tampoco una columna sobre el déficit fiscal, la ley de financiamiento, el Ministro de Hacienda, las metidas de pata del Gobierno en el Congreso, sobre la corrupción, sobre Odebrecht, sus socios, el Fiscal, el Fiscal ad hoc, o sobre la capacidad de olvido de los colombianos y de los gobernantes ante el mar de escándalos que nos abruman. Y qué decir de los del Fiscal y sus enredos, del Fiscal ad hoc, de la JEP, de ‘Santrich’, de los problemas del Papa que ya no sabe qué decir ante los abusos de curas, obispos y arzobispos que destruyen la fe en la Iglesia Católica.

Y le tengo pavor a los vaticinios sobre la devaluación del peso, sobre el sueño amarillo de Nairo, sobre el Cali, el América, sobre la salida de James, las lesiones de James, el trasteo de James al Real Madrid, sobre los goles del Tigre, sobre los goles que bota el Tigre, sobre la Señorita Colombia favorita en Miss Universo, sobre la Señorita Colombia que quedó de última en Miss Universo.

Entonces, ¿de qué escribo? ¿Hablar del Alcalde de Cali que regala veinticinco mil almuerzos diarios mientras el tránsito es un caos y la ciudad se ahoga en la plata que se acumula en la tesorería porque no hay ejecución, en medio de la falta de vías y la invasión de vendedores ambulantes que según el burgomaestre son prueba del empuje empresarial de la parroquia?

Definitivamente, no tengo de qué escribir. Feliz Navidad a quienes, como decía Gerardo Bedoya Borrero, leyeron este escritico.

Sigue en Twitter @LuguireG

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