El show de la justicia

El show de la justicia

Octubre 21, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

En Colombia ya no parecen necesarias las sentencias como expresión de la Justicia. Ahora, lo importante para muchos jueces es tener periodistas amigos, “estar en los medios” para ser protagonistas del reality en que han convertido su obligación constitucional.

Por ejemplo, la Justicia Especial de Paz, que se supone el eje para promover la reconciliación mediante la aplicación de sanciones políticas a los responsables de los delitos cometidos en el conflicto, es protagonista diaria de los medios de comunicación. Aunque aún no han expedido la primera sentencia, su presidenta y alguna de sus colegas son figuras con sus declaraciones destempladas, sus reyertas con el Gobierno, con la Fiscalía, con todo aquel que se refiera a lo que hacen o no hacen en una institución que aún no acaba de integrarse al ordenamiento jurídico.

El otro ejemplo es el Fiscal y la Fiscalía. De sus comunicados viven las emisoras de radio que madrugan a difundir la idea de que nos estamos matando y de que el nuestro es un país de delincuentes. De las declaraciones sobre cuanta investigación hay dependen muchos periodistas que tienen en los fiscales y en Néstor Humberto Martínez la fuente principal.

No hay día en el cual el Fiscal guarde silencio. Él sabe que su voz es capaz de cambiar las primeras páginas de los medios y por eso, un día arma una discusión con la presidenta de la JEP, al otro revela un escándalo sobre corrupción y al siguiente proclama triunfos contra el narcotráfico.

¿Qué necesita el señor periodista? Se le tiene. ¿Qué quiere el programa de variedades de las seis de la mañana? A la orden. ¿Necesita una entrevista ‘exclusiva’ sobre Odebrecht mas no sobre las vinculaciones con sus socios en Colombia? Aquí estamos. Nada se escapa del afán mediático y el interés de mostrar compromiso en la lucha contra la delincuencia.

Y qué decir de la sala penal de la Corte Suprema, donde la filtración a ‘periodistas amigos’ ha sido la nota desde hace doce años. Por ejemplo, el presidente un señor Barceló se convirtió en el estandarte de la pelea eterna de la Justicia con el expresidente Álvaro Uribe quien, ni bobo que fuera, la aprovecha a través de sus abogados, los penalistas más mediáticos del mundo.

Le abren un proceso a Uribe y antes de empezar lo filtran a los medios. Se ‘equivoca’ Barceló al chuzar el teléfono del expresidente, y a los medios. Le descubren que él sabía que ese era el teléfono de Uribe quince días antes de abrir el expediente por manipulación de testigos, y a los medios. Pero no renuncia y por el contrario, Barceló se defiende… en los medios.

Tan grave es la cosa que los magistrados de la Corte Constitucional prefieren los comunicados y las ruedas de prensa con cámaras y micrófonos a la publicación juiciosa de las sentencias, como debería ser en un país serio. Eso pasó con el fallo sobre la JEP que aún hoy, dos meses después de anunciado, no se conoce. Y con el fallo sobre el aborto, bochornoso espectáculo mediático que fue la carne de los noticieros y periódicos durante la última semana.

Es decir, la Justicia ya no se administra en los estrados ni se expresa con autos o sentencias. Se hace en los medios de comunicación, sin importar si quienes los interpretan conocen algo de derecho. Es como una epidemia que destruye la institucionalidad, acaba con la confianza en el Estado y convierte a los jueces y fiscales en actores de un reality que destruye la fe en la Justicia.

Sigue en Twitter @LuguireG

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