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El pasito tun tun

Octubre 04, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Un cupo de seiscientos cincuenta mil millones de pesos en endeudamiento le acaban de aprobar al Alcalde de Cali en el Concejo. Para qué, pregunta la minoría.

Esa pregunta, tan elemental como necesaria, terminó siendo motivo de burla contra la concejal Diana Rojas. Fue la manera de despreciar el control político tan necesario cuando se trata de la disposición y la hipoteca del futuro de una ciudad.

Cuando un funcionario público pide atribuciones para endeudar cualquier entidad, debe decir para qué va a usar esos recursos. En este caso, se habla de usar ese endeudamiento para impulsar la reactivación mediante inversión pública, y no parece existir objeción en el propósito, en la medida en que esa inyección llegue a los sectores y obras con los cuales se pretende impulsar el empleo y la reactivación económica.

Hace diez años, el mismo alcalde de hoy arrancó un programa pomposamente denominado ‘megaobras’ que comprometieron centenares de miles de millones de pesos en obras que en su momento fueron recibidas con expectativa. Además de los más de cien mil millones que gastó en el Estadio Pascual Guerrero sin rendir cuentas, el mismo alcalde de hoy contrató con tres consorcios, los mismos involucrados en las vigencias futuras del departamento en manos de Juan Carlos Abadía.
Y con el mismo estructurador.

Esos han sido investigados por la Justicia durante diez años y sin resultados, mientras la mayoría de las obras que ofreció el alcalde Ospina de entonces no se han realizado pese a que ya recaudaron la contribución. ¿Por qué no usa el crédito para cumplirle a Cali esa promesa y desarrolla las obras que ya pagaron los contribuyentes, como ordena la ley de valorización?

Al parecer, el alcalde de hoy no tiene nada que ver con el de diez años atrás ni con los procesos que le adelantan en la Fiscalía y la Corte Suprema. Según parece, el de hoy no tiene porqué responder por las dudas que dejó y las promesas que no cumplió.

Ahora va a endeudar a Cali en $650.000 millones con los bancos, o en $1,5 billones si la Nación le presta el resto. ¿Para qué? Pregunta esa minoría que desprecian, la cual refleja la inquietud de los caleños sobre lo que puede ocurrir.

Y que no vengan a decir que se usará en financiar ese plan de desarrollo vaporoso que aprobaron a la carrera. O que tiene la razón porque tienen los concejales necesarios para aprobar lo que él quiera. Eso es volver a las épocas de Apolinar Salcedo, cuando el municipio se repartió sin vergüenza.

Claro, el alcalde Ospina tiene ya la aprobación de la aplanadora que lo respalda. Esa aplanadora exige silencio y poca transparencia mientras utiliza una aceitada maquinaria de publicidad para mostrarse como salvadora. Por eso, Ospina no contesta para qué.

Por eso, nadie sabe en forma precisa qué se va a hacer con los impuestos que pagarán los caleños durante los próximos quince años. Obvio, los bancos le prestarán toda la plata del mundo después de asegurarse. Ese es el negocio, socio.

Y cuando la concejal Rojas pregunta para qué el endeudamiento, la trata de ignorante y el alcalde se golpea la cabeza dando a entender que la de ella está vacía. Es la arrogancia que ignora el control político, seguro como está de que el régimen de complicidades y de repartos que alimenta su aplanadora serán suficientes para encubrir lo que parece es el regreso al clientelismo que hundió en la corrupción a Cali durante veinte años.

Silencio pide el alcalde Ospina. Es la aplanadora que camina en Cali con su “pasito tun tun”.

Sigue en Twitter @LuguireG

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