El Estado de Opinión

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El Estado de Opinión

Diciembre 01, 2019 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

No les gustó cuando Álvaro Uribe, siendo presidente, lo propuso para superar el bloqueo que padece el gobierno del país. Ahora pretenden imponerlo para derrocar al presidente Duque, para paralizar las instituciones del todo e imponer lo que no quieren los colombianos: acabar con lo que sí hace posible mantener el orden en su nación.

Es el tantas veces mentado Estado de Opinión, donde la aparente voluntad popular, es decir el populismo de izquierda o de derecha, reemplaza a la ley y a su cumplimiento en la dirección de una nación. En otros términos, es renunciar a la democracia que nace del orden y el acatamiento a las reglas de juego aceptadas por el constituyente primario que participa en las elecciones, para que no nos matemos. Con ese instrumento, quienes lo usan pretenden imponer a la brava una representación que nadie les ha otorgado y se sienten autorizados a exigir lo que les de la gana.

Hace una semana Colombia fue sacudida por la marcha de miles de personas que salieron a protestar contra lo que está asfixiando a su democracia y a su país, el autismo de su dirigencia nacional y política frente a lo que está acontenciendo y las consecuencias que pagan todos los colombianos. No fue un paro contra el gobierno, ni una copia de las turbulentas manifestaciones en Chile o el Ecuador o Bolivia.

En esas marchas quedó clara la vocación pacífica de los manifestantes, y los grandes derrotados fueron la violencia, la anarquía, el populismo extremista de izquierda que promueve el caos y la renuncia de Iván Duque, así como el populismo de la extrema derecha que pide la represión y la dimisión del Presidente de la República.

Después de la movilización se nota el afán de algunos de autonombrarse los jefes de la marcha, por lo cual son los únicos interlocutores del Gobierno. Y el silencio sepulcral y calculado de los dirigentes de los partidos y el clientelismo, precisamente quienes fueron el objetivo de la protesta por ser los generadores de la inconformidad, de la corrupción y de la frustración que produce el llamado Estado Social de Derecho.

Una semana después, la gente ya no quiere saber de más marchas ni despelotes y muestra su desdén por quienes se tomaron su vocería sin autorización. Y mientras el Gobierno anunció cambios para los pensionados, rebajas al IVA y otras bellezas, reaparecieron los políticos para actuar como “facilitadores del diálogo nacional” o para ofrecer la rebaja del sueldo de los congresistas .

Entonces ofrecieron paralizar la reforma tributaria, acabar con el Esmad, dialogar con el Eln. Los Iván Cepeda, los Roys Barreras, los Robledo, y los viudos del poder que se les acabó hace un año, empezaron a dar a entender que ellos pueden pasar por encima del Presidente de la República y reafirmaron su intención de acorralarlo para obligarlo a ceder. Y desde el Centro Democrático salieron los Fernando Londoño Hoyos para pedirle al Jefe de Estado que se aparte de sus funciones y permita que la Vicepresidenta gobierne.

Uno no sabe qué es peor. Menos mal, Duque está sereno y mandando. Pero a su alrededor rumban los que desprecian la voluntad popular y, como Uribe hace diez años, piden el desconocimiento del Estado de Derecho y el imperio del Estado de Opinión para hacer lo que ellos creen es gobernar. En consecuencia, la gente que marchó está cada vez más decepcionada ante tanta mediocridad y frente a tantas mentiras.

¡Vivir para ver!

Sigue en Twitter @LuguireG

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