El desayuno

Julio 23, 2022 - 11:55 p. m. 2022-07-23 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Como era de esperar, el pasado miércoles inició en forma la toma del poder del nuevo régimen. Y por lo que se ve en la primera tanda, la situación no va a ser tan transparente y tranquila como han proclamado quienes se unieron al acuerdo nacional que proponen y simbolizan Gustavo Petro y Roy Barreras.

La primera dosis no fue solo la elección y coronación de los nuevos dignatarios del Legislativo, producto de un curioso negocio en el cual se juntaron el oro de los triunfadores revolucionarios con la escoria, según ellos, del clientelismo más refinado. Fueron también las fotos con sonrisas forzadas y declaraciones de amor de los presidentes y presidentas de los partidos con el nuevo presidente de los colombianos, así como los discursos del nuevo presidente del Congreso llamando a la transparencia, a la moral en la política y a la generosidad, lo que no deja de despertar sonrisas.

Pero también fue la guacherna con la cual recibieron en el Congreso el informe del presidente Iván Duque. Informe, que es lo que debe rendir el presidente como jefe de Estado al órgano legislativo, de acuerdo con el mandato de la constitución. Informe sobre su gestión y sus resultados, muchos de los cuales no son del agrado de los nuevos dueños del poder porque describen un país que ha progresado y superado gran parte de las secuelas que dejó la pandemia, porque muestra buenos resultados aunque haya todavía grandes problemas.

Y mientras el colíder del Pacto Histórico lanzaba la propuesta de amnistiar 14 bandas criminales, en Bogotá reapareció la turba dizque a pedirle cuentas al presidente que aún no se ha posesionado. A ‘amenazarlo’ con asonadas si no cumple con sus promesas revolucionarias, cuando lo que de verdad mostraron fue su capacidad de crear el caos con el cual imponer su anarquía, anunciado por Petro hace cuatro años.

¿Sabe a quiénes les tocó reaccionar para contener la asonada? A los policías, al Esmad que el nuevo director de restitución de tierras exigió abolir cuando dirigió las mingas. Y, como era de esperar, al otro día el flamante codirector de la nueva alianza y presidente del Congreso anunció el inicio del debate para reformar la Policía además de la posible amnistía a las bandas criminales.

¿De qué se trata? Fácil es entender que el nuevo presidente no tiene copartidarios en la Fuerza Pública. Como no lo ha tenido ningún presidente desde que el Frente Nacional y el entonces presidente Alberto Lleras Camargo profesionalizó su manejo y lo aisló de las luchas partidistas, cuando los policías eran escogidos por su militancia y usados para perseguir a los del otro bando.

Pero ahora se trata de conseguir esos ‘compas’ mediante la reforma que le permita al nuevo régimen trasladar la Policía al Ministerio del Interior y la Política. Sacándola del de Defensa donde se aisló por sesenta años del partidismo, el gobierno podrá actuar, nombrando a un ministro de esa cartera a quien calificó de criminal a la Policía en un tweet el 16 de septiembre de 2020, y eludiendo la legalidad que lo obliga a contener asonadas como las del pasado miércoles.

Ese fue el desayuno que nos dieron el 20 de julio. Toca esperar el almuerzo, así como la actuación del clientelismo tradicional que durante 30 años no quiso aprobar cualquier cambio que amenazara su control el Estado y el tesoro público, y ahora es protagonista de las fotos con el nuevo presidente.

Sigue en Twitter @LuguireG

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