El desafío

Septiembre 17, 2022 - 11:55 p. m. 2022-09-17 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

En medio de su catarata de anuncios, de propuestas y de errores que demuestran el desconocimiento de la realidad nacional, Gustavo Petro y su combo no parecen entender en qué país están y qué piensan sus ciudadanos. Y los desafían como si el ganar unas elecciones les da derecho a hacer lo que quieran.

No bien se posesionó, el flamante presidente empezó a ocupar la agenda nacional y llevar la iniciativa, de usar el foco permanente que sobre el presidente mantienen los medios de comunicación para llenar los espacios, tratando de impedir la crítica. Ante tal avalancha, no hubo tiempo siquiera para entender el reparto de ministerios que compró al clientelismo.

Como experiencia administrativa, Petro solo tiene su paso por la alcaldía de Bogotá, muy regular por cierto. Pero el hoy presidente sí conoció el otro lado: hacer oposición, armar debates antisistema durante treinta años y mantener el discurso irresponsable de hablar de lo divino y lo humano sin asumir responsabilidad alguna. Y procedió de conformidad.

Se trata de disparar a diario promesas o dar órdenes desconcertantes. Vean las de esta semana: alza de la gasolina y rebaja de la energía; reforma pensional para entregarle $500.000 pesos mensuales a los ‘viejitos’, cuya plata saldrá de lo que los trabajadores ahorren en los fondos privados de aquí en adelante, así los beneficiarios no hayan aportado un peso jamás; 50 reuniones en todo el país para definir el plan nacional de desarrollo con “diálogos vinculantes”, algo parecido a asambleas constitucionales para reformar casi todo si la mermelada alcanza para convencer a sus socios clientelistas de la U, del Partido Conservador y del Liberal. Populismo desatado.

La peor: que el socio y protector del ELN, el que se hace el pendejo con el terrorismo que dirigen contra Colombia desde Venezuela. Sí, Maduro el personaje más rechazado por los colombianos, el que expulsó a seis millones de venezolanos de su país, dos millones de los cuales están aquí, será garante de las negociaciones ¡con el ELN!

Pero nadie conoce la estrategia para combatir la corrupción, la razón de ser de los votos contra el establecimiento clientelista. Y como si fuera una epidemia, sus ministros se ahogan en un mar de reformas y palabras: la tributaria, de salud, de minas y energía, política, a la Policía. Todo será cambiado mientras la autoridad no detiene la oleada de invasiones, las masacres están a la orden del día y el narcotráfico crece, a la espera de las amnistías de la Paz Total.

Y no parecen entender lo que expresan los colombianos: unos, impacientes ante la demora para que les cumplan las promesas que les hicieron. Otros, alarmados por la cascada de amenazas, la ineptitud de algunos de sus nuevos gobernantes y el rumbo errático del gobierno. Y la mayoría, decepcionada al comprobar que sigue todo igual. ‘El mismo perro con distinto lazo’.

¿Acaso no tiene la sensibilidad como para darse cuenta de que está desafiando a la Nación? Todo indica que Petro sigue siendo el agitador irresponsable ahora investido de jefe de Estado. Y no escucha ni percibe que con esa decisión puede estar destruyendo el apoyo que lo llevó a la Presidencia. Por el contrario, y a la manera de Carlos III rey de Inglaterra, la soberbia, esa mala consejera, parece estar ganándole la partida a la sensibilidad, la humildad y el sentido común que hacen respetados y respetables a los gobernantes.

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