El concierto de Egan

El concierto de Egan

Julio 28, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Aún no podemos creerlo. Cuando llegue el Tour a París, un colombiano de 22 años y seis meses de edad será el campeón.

Sí. Pellízquese. Ese muchachito que el año pasado se echó al hombro y salvó nada menos que a Chris Froome, el campeón de cinco de esas increíbles gestas de tres mil quinientos kilómetros en bicicleta, ahora se está ganado la de este año. Y piénselo: ganar esa competencia es triunfar en la carrera más importante del mundo.

Ese Egan Bernal que hoy se pasea de amarillo por los Campos Elíseos es el producto de sesenta y nueve años de ciclismo colombiano. Antes de él estuvieron el Zipa Forero, Ramón Hoyos, Rubén Darío Gómez y muchísimas más leyendas que andaban por las trochas de esta Colombia siempre atrasada, que cruzaban los Andes en etapas hasta de siete horas mientras los locutores se subían a los postes para narrar desde allí lo que ellos veían y su imaginación les dictaba.

Luego llegó Cochise Rodríguez, que alcanzó a brillar en Europa y fue nuestro primer campeón mundial. Y la bruja Montoya, el Ñato Suárez, Pajarito Buitrago y tantos otros que se tomaban el país durante un mes, nos electrizaban con sus gestas y en ocasiones servían para hacer olvidar las crisis políticas y las tristezas de esa violencia con la cual nos acostumbramos a convivir.

Y llegaron Lucho Herrera, y Fabio Parra y Patrocinio Jiménez y Santiago Botero y muchos más que le ganaron a los europeos, a monstruos como Bernard Hinault en su territorio y les mostraron la calidad de ciclistas que tenemos, su capacidad de entrega y de sacrificio y esa inmensa facilidad para devorarse la montaña. Fue el aviso ya claro de que algún día el Tour de Francia sería nuestro.

Y apareció Rigoberto Urán, dos veces subcampeón del Giro y una del Tour. Y Nairo Quintana, arrollando desde su primer Tour, quedando de segundo dos veces y una tercero, ganando el Giro de Italia, la Vuelta a España y decenas de competencias. El Nairo al que su equipo y algunos periodistas maltrataron por un momento de debilidad y el pasado jueves los calló en la subida al Galibier, cumbre sagrada del Tour. El que subió esa cima en tiempo récord y le sacó seis minutos a los españoletes presumidos y a todos sus rivales, recordó de qué están hechos nuestros pedalistas.

Y en esa misma etapa, Egan empezó su concierto. Dejó al líder, a su compañero Thomas, ese sí leal compañero, a los engreídos españoletes que ya saben que su ciclismo es inferior al colombiano y a todo el mundo, y labró lo que vimos el viernes.

¡Lo que vimos el viernes! Después de la exhibición de Nairo, cuando sus compañeros de fuga quedaron sembrados mientras el pequeño héroe arrancaba hacia las estrellas y sólo lo volvieron a ver en la meta, Egan dejó un reguero, en dos kilómetros le sacó quinientos metros a los primeros de la clasificación y atravesó una cumbre de dos mil setecientos metros de altura como si nada.

Lo pararon en la bajada cuando una granizada y las avalanchas hicieron imposible terminar la etapa que incluía otra subida de aquellas que él domina. Quedó de primero, le quitaron la etapa, y el muchachito se echó a llorar, incrédulo sobre lo que ha logrado.

Ayer, Egan repitió el concierto. Su Concierto. Y hoy será campeón. De amarillo entero, a los veintidós años y seis meses, es el mejor. Así nos dio a los colombianos un motivo para estar alegres, para sentir orgullo, para creer que las dificultades se pueden superar si hay voluntad.

Sigue en Twitter @LuguireG

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