El ánimo de lucro

El ánimo de lucro

Febrero 10, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

“Hidroituango es, hasta ahora, un monstruo indomable. Ojalá los entes de control e investigación comiencen a señalar responsables de esta gran tragedia y a castigarlos. Ese cuento de que en Antioquia hay entidades y personas intocables debe ser pasado”.

Así termina la columna de Ramiro Velásquez Gómez en el Colombiano de Medellín. En mi sentir, es la respuesta más aproximada de los colombianos ante lo que sentimos por la hidroeléctrica que, nos aseguraron, proporcionaría el 21 % de la energía que necesita el país.

Hoy, ese proyecto, que se discutió durante cincuenta años por sus implicaciones para el medio ambiente y para el segundo río de Colombia, es una pesadilla. Fue una discusión apagada por algo que hoy es más patente que nunca, la ambición que despertó Hidroituango.

El ánimo de lucro superó las recomendaciones técnicas y científicas que hablaron siempre de los riesgos que tendría para el medio ambiente, para los habitantes de la región y para el área que va desde Ituango hasta la desembocadura del Cauca en el Magdalena y de ahí al Océano Atlántico. Medio país en el cual están asentadas millones de personas que dependen del río lleva un año pagando tributo a la urgencia de gobernadores, alcaldes de Medellín y gerentes de EPM por impedir que les quiten beneficios.

El drama se desencadenó por la decisión del gobernador Sergio Fajardo en el 2015 de acelerar su puesta en marcha ante las demoras que presentaba el proyecto y la posibilidad de perder los incentivos de la nación por incumplimiento. Por ello cerraron dos de sus tres túneles de desagüe en mayo de 2018.

Eso amenazó con rebasar la altura de la presa, obligó a evacuar municipios y desplazó miles de personas, mientras cundieron especulaciones sobre la posibilidad de que se rompiera el dique y la avalancha arrasara con todo desde allí hasta La Mojana en Córdoba, Sucre y Bolívar.

Por fortuna, la catástrofe no se produjo entonces. Pero la recuperación del proyecto fue motivo de polémica constante y de aclaraciones de EPM, del alcalde de Medellín y de peleas con el gobernador de Antioquia. Hasta que se vino la segunda parte de la historia que en este año llevó a los habitantes de la ribera del Cauca al otro extremo: la sequía, la muerte temporal del Cauca, el arrasamiento de la fauna del río y las disculpas inverosímiles.

Mientras vemos las imágenes del estado al cual llegó el río Cauca y del desastre que los descalabros de Hidroituango han producido, esperamos que no pasen más cosas graves. Y aguardamos a que quienes tomaron decisiones en esta tragedia respondan por algo que nunca debió ocurrir si se piensa primero en el beneficio general antes que en las utilidades que obtendrían EPM, el municipio de Medellín y el departamento de Antioquia.

“El Cauca ya se puede cruzar a pie” fue el titular de Portafolio, describiendo el impacto de la decisión apresurada y sin consultas de EPM y el alcalde de Medellín, tomada cuando el diseñador les informó que podía presentarse un rompimiento de la presa si no cerraban el túnel de máquinas. “Fue un dilema ético” dijo el gerente, al insinuar que la elección estaba entre arrasar el medio ambiente o arriesgar la vida de millones de seres humanos. ¡Qué tal!

El dilema ético que debió plantearse EPM en Hidroituango está entre proteger el bien común como entidad del Estado o dejarse guiar por el ánimo de lucro. Se ve que primó lo segundo.

Sigue en Twitter @LuguireG

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