El algoritmo

El algoritmo

Marzo 25, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

A usted lo escogen porque está en la red. Usted está allí, fascinado por el acceso al conocimiento, porque puede conocer mucha gente en las redes sociales, porque puede decir y opinar lo que se le antoje, porque puede comprar lo que quiera y donde quiera sin moverse de su asiento.

Al entrar a la red, o web, usted siente que su vida cambió. Ya es otra cosa lo que puede hacer, lo que puede decir, lo que puede mirar sin que lo miren. Puede tener romances, puede construir su otro yo, puede tener millones de juegos, puede hablar en otro idioma porque el programa le traduce, mal pero le traduce.

Es fascinante. Con un movimiento de su mano, usted cree que decide su vida. Que usted manda pues mira lo que desea y explora lo que le interesa. Y como usted tiene el morbo de cualquier ser humano por lo que hacen o dejan de hacer el resto de los humanos, usted espía la vida de los famosos, de sus vecinos, de sus amigos, de sus enemigos, de los desconocidos, de todo el mundo.

Así aparecen las redes sociales que usted vuelve fundamentales para su vida. Si quiere opinar algo sobre algo o sobre alguien para eso está Twitter. Si quiere tener amigos, mostrar su vida minuto a minuto si se le antoja y rajar o aprobar a su prójimo, está Facebook del señor Zuckerberg. Si quiere saber de todo, tener la biblioteca universal gratis, Google, señoras y señores, es la panacea.

Quiere ver a las bellas y a los bellos y a los vellos, Instagram y otras cosas; quiere llamar gratis, tiene aplicaciones como Skype. Quiere comprar lo que se le antoje en los Estados Unidos, para eso está Amazon de un señor Bezos, el más rico del Planeta. En fin, el mundo es suyo y la vida es bella.

Pero usted no sabe a qué precio. Porque para ello usted debe entregar su intimidad. A usted lo descifran y le cobran el favor. A usted lo catalogan por los usos que hace de la red y luego lo venden a los anunciantes, a los medios, a los vendedores, a los espías. Usted puede comprar seguidores en las redes sociales, puede sentirse importante, pero eso le cuesta su intimidad porque ya es propiedad de Twitter, de Facebook, de Google y ellos lo venden a los anunciantes, a las campañas políticas, a los rusos especialistas en la trampa.

Así, usted ya no es dueño de usted. Y de usted se aprovechan Google, Facebook, Twitter y demás. Usted es un dato que llena los bolsillos de sus dueños sin que sepa, sin que pueda impedirlo. Y ellos lo venden para que a usted lo usen en las campañas políticas o para sacarle la plata de su bolsillo a un click.

Y si pasa algo, ellos no tienen la culpa. Ellos, los Zuckerberg o los Bezos o los otros, son los dueños del mercado del mundo, dioses ahogados en plata que pagan cerebros para que inventen la manera de explotarlo sin que usted sepa o pueda evitarlo. Ellos no tienen perfil en la red.

Usted es parte ya del algoritmo. De las miles de millones de personas que se vuelven datos y tendencias, y clientes y mercados, vendidas por centavos pero que valen fortunas porque son miles de millones que terminan en los bolsillos de esos iluminados. Usted es un dato que compran y venden. Se enriquecen con usted, lo espían pero no le pagan.

Por eso, cuando se descubren vergüenzas como explotar cincuenta millones de cuentas para hacer política por Donald Trump, o de cualquiera que pague lo que le piden, la culpa es de los demás, de usted, de cualquiera menos de aquellos a quienes usted les entregó su intimidad.

Sigue en Twitter @LuguireG

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