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El aguinaldo de Ospina

Había que hacer la rumba porque Ospina así lo ordenó. Para eso es el alcalde.

9 de enero de 2022 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

No importó que el mundo entero lanzara alertas sobre los peligros que existían pese a la vacunación y la crisis que sobrevendría de producirse aglomeraciones o reuniones masivas. Lo único importante era recuperar la decaída imagen del alcalde, producto de sus errores y escándalos de corrupción y mal gobierno.

Por ello tuvimos un diciembre más festivo que nunca. $25.000 millones de los impuestos se fueron en el Petronio Álvarez y la Feria. Durante dos semanas se realizaron eventos que reunieron decenas de miles de personas y en las que el control de salud era apenas una formalidad. Y remataron con el caos del barrio Ulpiano Lloreda donde 20.000 persona desafiaron cualquier autoridad y fueron respaldadas por el gobierno municipal que se declaró impotente para evitar el despelote.

Esa admirable ejecución de los recursos públicos destinados a las fiestas masivas contrasta con el hecho de que el municipio de Cali no pudo ejecutar ni el 70% del presupuesto para el año 2021. Y tiene una explicación: a finales del 2020 tiraron a la alcantarilla y al bolsillo de los corruptos cifras similares para realizar las mismas fiestas pero virtuales, lo que se tradujo en el rechazo rotundo de la ciudadanía al alcalde Ospina, el director de la orquesta que ejecutó la que, pensó él, era su obra maestra del circo con el cual pretendía ganar popularidad.

Entonces decidió recuperar lo perdido en vivo y en directo, y no tuvo en cuenta las cifras de contagio que crecían como espuma y las alertas que los médicos lanzaban en todas partes. Ni siquiera le importó que su Secretaria de Salud advirtiera sobre las consecuencias que traería la nueva cepa y las dificultades que se presentarían a principios de este año.

Había que hacer la rumba porque Ospina así lo ordenó. Para eso es el alcalde. Ni siquiera se consideró el que el Petronio se debiera suspender en agosto por la misma razón, es decir, por el riesgo del contagio. Había que recuperar popularidad, bailar en todas partes así fuera sin tapaboca, mostrarse como un gobernante cercano a los rumberos y generoso con los contratistas.

Consumado el despropósito, el primero de enero y antes del despelote del Ulpiano decretó la alerta roja. Cuando se desbordó la pandemia, cuando se acabaron las pruebas del covid, cuando hospitales y centros de salud eran desbordados por la irresponsabilidad de los gobernantes, el alcalde y galeno Ospina se lavó las manos y dejó el problema, la crisis, en manos de los verdaderos médicos.

Y salió a justificar el despropósito a su manera, la del chantaje con la violencia que acompaña siempre al socialismo siglo XXI de Ospina y sus socios. Afirmó que si no hacía esas rumbas que esparcieron el covid entre los caleños, se produciría otro “estallido social”. Sí, “estallido social” para reclamar el Derecho Humano a hacer lo que se le venga en gana, a contagiar a toda la sociedad y a pisotear el derecho a la salud, orientados por el derecho del alcalde rechazado a mejorar su imagen.

Menos mal, la mayoría de los caleños ya están vacunados por la gestión del gobierno nacional y de la Secretaría de Salud de Cali. Y menos mal que la cepa Ómicron no es tan letal como sus antecesoras. Pero estamos ya en un “hipercontagio” según Miyerlandi Torres, salir a la calle es arriesgarse y el miedo volvió a tomarse a la ciudad.

Ese fue el aguinaldo de Ospina a su “querida Cali”, seguido del estallido terrorista del Eln en “Puerto R” (?).

Sigue en Twitter @LuguireG