¿Dónde están los Generales?

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¿Dónde están los Generales?

Julio 14, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Muy aburridos hemos quedado los colombianos con las denuncias sobre corrupción en la Fuerza Pública. Y aunque no es una acusación generalizada, lo que hasta ahora se ha revelado indica que hay, por decir, un contagio que debe ser combatido para bien de todos, militares, sociedad y Gobierno.

Durante las épocas en que la debilidad era la característica del Estado y el terrorismo el argumento de los delincuentes disfrazados de movimiento político, la Fuerza Pública resurgió de sus crisis y se convirtió en símbolo de esperanza. Fue entonces, después del 2002, cuando el gobierno de Uribe se sintonizó con el reclamo de una sociedad acorralada por las Farc y actuó en consecuencia, aportando la dirección política al esfuerzo que realizaban los militares, lo cual empezó a despertar la confianza y puso la palabra héroes en los labios de los colombianos.

Así se pudo golpear la máquina del terror y llevar a sus jefes a buscar una negociación, mientras en todas partes y desde todos los estamentos de la sociedad surgieron los agradecimientos a quienes se jugaban su vida por todos. Y aparecieron las solidaridades para con aquellos de sus integrantes que padecieron el secuestro, los campos de concentración y los desaparecimientos.

Y así ha seguido, al punto en que, dentro de las encuestas de los últimos quince años, las instituciones con mayor credibilidad son el Ejército y la Policía. Ni la atrocidad de los falsos positivos o los escándalos sobre espionajes, o los soldados que se robaron caletas de las Farc en la selva, fueron determinantes para quitar de la mente de los colombianos la idea de que su Fuerza Pública es sinónimo de eficacia y de transparencia en la defensa de un país donde la Justicia no funciona y los gobiernos dan tumbos, pensando en la imagen de los gobernantes antes que en la defensa del bien común.

Pero ahora… Luego de ocho años en los cuales las prioridades del gobierno Santos neutralizaron la actividad de la Fuerza Pública en el combate al narcocultivo, el país volvió a inundarse de coca y el control territorial del Estado volvió a perderse. Además, la negociación de cinco años implicó que llegáramos a doscientas mil hectáreas de coca, aumentando la amenaza de la criminalidad a proporciones que no pueden desconocerse.

A cambio, lo que aparecen son denuncias sobre irregularidades cometidas por generales y coroneles, o de bandas al interior del ejército y la policía que se enriquecen falsificando o manipulando los cursos de ascenso a sus propios integrantes. Es como si la transparencia hubiera pasado a un segundo plano, mientras la amenaza de la delincuencia crece, así se empeñen algunos en demostrar lo contrario.

Y lo que se escucha son explicaciones que no convencen e investigaciones de la Fiscalía que no han avanzado, mientras el gobierno aplica sanciones tibias que no se compadecen con la gravedad de lo que se ha descubierto y se limita a ruedas de prensa donde habla el ministro y atrás se ve la cara sombría de los oficiales. Por ello empieza a aparecer una sensación que mezcla la decepción con la desesperanza.

¿Dónde están los héroes que nos enseñaron a recuperar la confianza en el futuro de Colombia? ¿Dónde están los Generales que no eran tratados como subalternos y salían a la luz pública a responder por los hechos de sus policías y soldados y a dar la cara por los cuestionamientos?
Ojalá no sea tarde para recuperar la confianza.

Sigue en Twitter @LuguireG

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