Declaración que ofende

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Declaración que ofende

Enero 19, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Contratos, contratistas, prórrogas adiciones presupuestales, sobrecostos. Y las obras jamás se terminan.

Ese puede ser el resumen de lo que está ocurriendo con las obras públicas en Cali y en el Valle. Obras como un parque lineal al lado del río Cali que lleva seis años construyéndose y aún no se termina. O el puente de Juanchito, crucial para desembotellar un sector donde crecen las urbanizaciones, lleva siete años, tres contratistas, dos quiebras y centenares de anuncios y avisos publicitarios de los gobernadores y secretarios de despacho diciendo que ahora sí se terminarán.

Pero no se terminan, y por el contrario demandan más y más recursos, más adiciones y más publicidad porque no cumplen. Porque no hay diseños, porque se improvisa de manera grotesca como ha venido sucediendo con la ampliación de la vía antigua a Yumbo, porque los contratistas se amparan en la improvisación de los gobernantes que anunciaron la entrega de la obra en año y medio y ya van cuatro años sin que se le vea final próximo.

Así están también las obras del sur de Cali, donde se le ha ocultado a la gente la verdad de lo que está sucediendo. De ahí el desmadre del tráfico que ha presionado el avance y obligado a la alcaldía a firmar decenas de adiciones, mientras de nuevo, el mismo contratista se justifica en la falta de planos o en la no negociación de predios para exigir más y más adiciones que son autorizadas con tal de lograr algún avance.

Casi no hay obra pública en la comarca que no esté en problemas, y recursos como la valorización para financiar progreso caen en el desprestigio de las Megaobras, la mitad de las cuales no tienen posibilidad de ejecutarse a pesar de que ya fueron cobradas en gran parte. Aquí, donde se le adjudicaron las primeras megaobras a los mismos consorcios que iban a cometer el robo de las vigencias futuras en la gobernación de Abadía, cualquier cosa puede ocurrir.

Pero no aprendemos, y los gobernantes no parecen tener la obligación de rendir cuentas sobre esos descalabros. Y los elegidos empiezan a lavarse las manos de lo que hicieron sus antecesores, mientras anuncian más y más iniciativas brillantes para saciar el apetito de los periodistas.

Desde un teleférico que unirá por el aire a los cerros de las Tres Cruces y Cristo Rey, mejorando la “oferta turística”, hasta tumbar una parte del puente en la intersección de la carrera 100 con autopista Simón Bolívar.
Desde la construcción de un viaducto kilométrico al otro lado de la carretera al mar para recuperar la circulación hacia el océano Pacífico, hasta el tren de cercanías que se construirá en terrenos que no pertenecen ni al departamento ni al municipio.

Todo eso y mucho más están anunciando los nuevos gobernantes. Y de allí saldrán centenares de contratos y de contratistas que de nuevo aducirán la falta de planos, de diseños, de plata, para pedir más ampliaciones y apelar a la quiebra para lograr la prórroga eterna de unos negocios que nunca terminan.

Pero todos los responsables callan mientras anuncian que es cuestión de semanas terminar las obras, así lleven siete años. Y luego, los beneficiados por las licitaciones saldrán a dar su declaración pública con el descaro de un señor Jorge Amézquita, conocido como el de los grandes contratos con el departamento del Valle y el municipio de Cali llenos de prórrogas, adiciones, ampliaciones y etcéteras: “Pudimos haber sido mejores contratistas, lo reconozco”.

Sigue en Twitter @LuguireG

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