De payaso a candidato

Febrero 28, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-28 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Con el permiso de los lectores, el grueso de esta columna se la cedo a un personaje que es hoy el más fuerte candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Y presidente, si la Divina Providencia no se apiada de este mísero mundo. Dice nuestro invitado cosas como éstas: “Restablecería el ahogamiento simulado para los sospechosos de terrorismo”. “Si gano las elecciones, devolveré a los refugiados sirios a casa”. “Este país está en graves problemas. Ya no ganamos, perdemos contra China, perdemos contra México tanto en comercio como en la frontera, perdemos contra todos”. Sobre Hilary Clinton: “No sé quién hubiera sido peor ¿Cómo podría haber sido peor? Pero Hilary iba a ganar -era la favorita- y fue vergueada, realmente perdió”. “Sé dónde fue, es asqueroso, no quiero hablar de ello. No lo digan, es asqueroso, no hablemos, queremos ser muy, muy honesto" (ironizó sobre la ida al baño de Clinton durante el debate demócrata emitido por televisión) “No me gustan las mujeres cerdas gordas, perras, patanes y animales asquerosos”. Sobre Megyn Kelly, periodista: “Podías ver cómo le salía sangre de sus ojos. Le salía sangre de su... donde sea”. Sobre el Papa Francisco y el Vaticano: “Voy a tener que asustar al Papa”. “Cuando el Vaticano sea atacado por el Estado Islámico, puedo prometerles que el Papa desearía y rezaría que Donald Trump fuera el presidente”. “El Vaticano tiene unos muros muy grandes. Me gustaría usarlos como modelo para el mío. Quiero hacerlo más alto que la Gran Muralla China”. Sobre México y los mexicanos: “México nos envía a la gente que tiene muchos problemas, que trae drogas, crimen, que son violadores, y algunos, asumo, son buenas personas”. “Un muro en la frontera con México nos ahorraría muchísimo dinero”, “Vamos a construir el muro y, por cierto, ¿quién va a pagarlo? México va a pagar por el muro, se los aseguro. Pagará cada dólar de los 10 mil a 12 mil millones de dólares que costará por el daño que nos hacen”. Sobre su campaña: “Podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”. “A gente así la sacaban en camilla en el pasado... me dan ganas de soltarle un puñetazo en la cara” (se lo dijo a una persona que no estaba de acuerdo con él, en Las Vegas). “Amo a los pobremente educados porque son los más fieles”. Hasta aquí Donald Trump. El señor grandote de pelo color zanahoria, plata a borbotones y mujeres lindas como Ivana Zelnícek, su más celebre cónyuge. De él se burlaron muchos republicanos. Pero será su candidato, por encima de un milagrero que poco le falta para anunciar el juicio final, y de otro que repite el mismo discurso como si fuera una grabadora. Con esa basura, el descendiente de alemanes es hoy el paradigma del estadounidense. Y arrebata a los personajes de arma al cinto, a los lobos de Wall Street o a los latinos que han logrado éxito y ven en los inmigrantes ilegales a sus enemigos. entre tanto, los medios de comunicación se benefician con las barbaridades de Trump. Por eso su campaña es la más barata en la historia de los Estados Unidos. Trump puede ser presidente. Su secreto es el de los populistas de derecha o izquierda: un discurso simple y directo de frases estridentes y estudiadas, dirigidas a despertar sentimientos primarios: nacionalismo, xenofobia, desprecio por la mujer, defensa de la violencia. Y guerra contra todo lo que considera injusto. Como Hitler y Mussolini.

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