De obleas y votos

Agosto 20, 2022 - 11:55 p. m. 2022-08-20 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Cambiaron las cosas, apareció la transparencia, brilló la luz en el Congreso y eligieron a un ‘prístino y pulquérrimo’ personaje. Es la revolución de la decencia anunciada por el Pacto de Petro, la que garantizará que en Colombia se acabe la corrupción.

¿Quién es el personaje? Es el señor Carlos Hernán Rodríguez, gerente de la campaña del destituido gobernador Juan Carlos Abadía y contralor departamental en el gobierno de su jefe. El mismo que no vio nada cuando en la gobernación del Valle se urdió el negocio del billón doscientos mil billones de pesos de las vigencias futuras que no tenían proyectos ni beneficiaban al departamento y no iban para ninguna parte.

Se sabía quiénes eran los contratistas, quiénes los estructuradores y cómo se urdió la trampa que aún está impune. Se conocía que los ganadores eran los integrantes de la pandilla de Abadía y Juan Carlos Martínez y cómo lo manejarían. Pero el contralor Rodríguez no vio nada.
Ahora, y luego de pasar por un cargo anodino como auditor de la nación, Rodríguez resucita de entre los muertos y lo eligen con los votos del Pacto Histórico comandados por Roy Barreras, el mismo que tiene una alianza con Abadía, apoyado por el expresidente César Gaviria, y Jorge Iván Ospina para exprimir a Cali y a Emcali. Él logró voltear las cosas para que el clientelismo de siempre se asociara con su nuevo partido y eligieran a quien es conocido aquí por su trayectoria.

¿Qué hará el señor Rodríguez? El mandado al clientelismo ahora fortalecido por quienes están en el poder a nombre del cambio. Lo mismo que su antecesor, el poderoso ‘Pipe’ Córdoba: nada. O mejor, seguir su ejemplo al detener las investigaciones que debió realizar por las denuncias sobre corrupción en la alcaldía de Ospina, donde el hijo de Roy es empleado. Y tomar uno que otro caso, armando el escándalo que sea necesario para desviar la atención y proteger, no perseguir, las claves de la corrupción y el clientelismo.

Ahora, Rodríguez hará lo mismo que hizo cuando el gobierno de su jefe el destituido Abadía. Solo que será a nivel nacional y tendrá para repartir decenas de cargos con treinta millones de pesos de salario cada uno y miles de puestos para satisfacer a los congresistas que lo eligieron empezando por los del Pacto Histórico dirigidos por Roy Barreras, amo del poder legislativo.

La elección del Contralor fue la gran demostración de que en Colombia todo cambia para que nada cambie. Fue la exhibición sin pudor y sin escrúpulos de la traición que están cometiendo con quienes votaron por el cambio creyendo que, ahora sí, la corrupción sería perseguida y brillaría la transparencia en el manejo del Estado.

Una vez elegido con las banderas de la moral, el Pacto Histórico se asoció con el clientelismo para elegir como Contralor al que fuera gerente de la campaña del destituido Juan Carlos Abadía y el contralor de su gobernación que sólo vio lo que convenía a su jefe. Y extrañamente, su primera declaración fue que “no iba a perseguir a nadie”. Por algo será.

Y en el Congreso preguntaron “¿Cuántas obleas por voto?”, la manera de indagar cuánto pagaban mientras depositaban los sufragios por Rodríguez y se exigían votos a cambio de ministerios.

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Postdata. Negociada la Contraloría entre el gobierno y el clientelismo, el ministro de Hacienda radicó mensaje de urgencia a la reforma tributaria. Como dijo Cristo en la cruz, “todo está consumado”.

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