Dando papaya

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Dando papaya

Marzo 15, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

¿A quién que forme parte de las Fuerzas Armadas de cualquier país democrático se le ocurre usar las redes sociales para hacer una lista de oposición e incluir en ella a periodistas, dirigentes cívicos, políticos y un largo etcétera? Sólo a quien sea tan torpe como para dejar rastro de algo que es una bomba de tiempo, salvo que quiera mostrar a los militares como gorilas al servicio de la política.

¿A quién se le ocurre nombrar como Director de la Policía Nacional a alguien que está a la espera de un juicio disciplinario porque se le vincula con unos escándalos cuando estaba en otro cargo, así tenga una hoja de vida limpia y cumpla los requisitos? Sólo a un gobierno que no parece consciente del riesgo que le implicará ese nombramiento.

Lo del Ejército es de sentarse a llorar. Afectado por la división que les sembraron cuando la paz se volvió bandera política del gobierno Santos, quienes estaban en contra del general Nicasio Martínez filtraron los documentos en los cuales les fijaban metas a los comandantes.
Resultado, el Ejercito, todo el Ejército, quedó sindicado de promover los falsos positivos.

El último fue una lista de treinta y tres personas en un tweet, con un pequeñísimo error: que se llama @Col_Ejército Oposición y en ella están periodistas, dirigentes políticos y críticos. Ahora, todos ellos son víctimas de un régimen cuyo estamento militar se atreve a calificar y señalar a sus contrarios y el Ejército vuelve a quedar como el norte de las bestias cuando van para el sur.

Y lo que se hace es llamar a cuentas a un teniente y a quienes manejan las cuentas en las redes. De nuevo, el gobierno está encartado tratando de explicar lo inexplicable y el Ejército sufre otro golpe desmoralizador.

Ese es el último eslabón de una larga cadena de denuncias sobre actuaciones en las Fuerzas Militares, alimentadas por esa división interna que está afectando a miles de oficiales comprometidos con su misión y que nada tienen que ver con esas peleas ni esos escándalos. A ello se suma la estrategia de ciertos sectores por deslegitimar a los militares, afectando a cientos de miles de soldados y policías que de nuevo se deben jugar la vida contra organizaciones criminales, algo que se suponía superado.

Más grave aún es lo que le ocurre al general Óscar Atehortúa, quien debe ser una persona honorable y apta para ese cargo. Pero antes de su nombramiento tenía una investigación de la Procuraduría sobre unos contratos para la construcción de 111 casas fiscales en el Tolima cuando él fue Director del Fondo Rotatorio de la Policía. Ahora, la Procuraduría General lo llama a un juicio disciplinario y el Gobierno tiene que dar explicaciones sobre el escándalo.

Ese escándalo por sí sólo es un argumento más para quienes quieren quitarle respaldo y debilitar la credibilidad de los colombianos en su Fuerza Pública. Y es otro argumento más para atacar al gobierno del presidente Duque, de por sí acorralado por la caída en su favorabilidad y al parecer débil en su capacidad para convocar los respaldos que se requieren para enfrentar la embestida de la delincuencia en todas sus formas.

Son demasiados escándalos, demasiadas demostraciones de pobreza para enfrentar y resolver los problemas de la Fuerza Pública. Y muestran la urgencia de rectificar la plana para recuperar la confianza de los colombianos y no seguir dando papaya a quienes están empeñados en tumbarlo.

Sigue en Twitter @LuguireG

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