Cuando pase la borrasca

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Cuando pase la borrasca

Abril 05, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Esta vaina del coronavirus, del pavor al contagio y de la contabilidad de muerte de la cual todos estamos pendientes, nos cambió la vida quizás para siempre. Entender lo que está pasando y aprender a manejarlo será la tarea que en adelante nos ocupará la cabeza.

Llevamos tres semanas guardados. Para muchos, es la tragedia de no tener ingresos porque no hay gente en las calles luego no hay rebusque, luego no hay trabajo; de quienes tienen que cerrar sus negocios pequeños porque ni pueden ir ni tienen clientes; de los empleados que han mandado a la brava a la calle, de las empresas que han tomado esas decisiones porque no tienen con qué pagarles.

Para otros más acomodados, es la posibilidad de trabajar desde sus casas y de aprender a manejar la red y de tener que conciliar el trabajo con la casa con la convivencia con los pelaos con la señora o señor sin la alegría del hogar. Ya no hay la disculpa de “tengo que ir a trabajar” y sólo queda el recurso de ir al supermercado a comprar cualquier cosa, aunque con el tal pico y cédula se complica la cosa.

Algunos están de vacaciones, o aprovechan para limpiar la casa para ordenar el desorden o desordenar el orden, con tal de ocupar el tiempo libre; otros están al borde de la locura producida por el encierro y la falta de “roce social”, aguantando hasta el límite la convivencia, mientras en la cocina suena el rosario, la misa, el guía espiritual que recomienda ofrecer el sacrificio al Señor. Y no falta la red social que manda catástrofes por segundo, casi todas mentirosas y con el mensaje fatal: ¡Arrepiéntete!

Y luego están los congresistas como el hoy encartado Lidio García, presidente del Senado, a quien le tocó reconocer que las sesiones virtuales son imposibles por ahora mientras no se reforme una ley. Y al anunciar que citará a sus colegas a sesiones el 13 de abril, dijo que no estaba de acuerdo con esa decisión, que iba a aplicar “el pico y placa a los senadores”.

Dijo también don Lidio que no sabía cómo llegarían todos a Bogotá y cómo se manejarían las faltas de asistencia, que algunos sólo buscan tarima con esas sesiones. Y al expresar su preocupación por los problemas y contagios remató con una frase célebre ya: “!La gente quiere que al Congresista le pase de todo!”, algo que sucede en muchas partes del mundo. ¿Por qué será?

Hay pues muchas transformaciones desencadenadas por el tal Covid-19 que cambiarán para siempre las costumbres, los usos, las situaciones y las disculpas de la humanidad. Y en medio de todo, el mensaje más importante es la necesidad de ser solidarios, de ayudar al prójimo, de juntarnos para salir adelante. De dejar atrás la arrogancia que, como en el caso de los Estados Unidos, los tiene en una de las peores crisis de salud y humanitaria, y de liderazgo, de toda su historia.

Cuando pase la borrasca y se sepan sus consecuencias, quedará al desnudo una tragedia que hoy es imposible de medir o de describir. Entonces no quedará alternativa que la necesidad de ser mejores seres humanos, de apelar a la risa como remedio de vida, de tener un tiempo para nuestra gente, de ayudar a reconstruir lo que arrasó un personaje que apenas se ve en un microscopio y ha causado el terremoto más grande en los cien años de mayores progresos económicos y científicos en la historia de la humanidad.

Eso nos recuerda la Imitación de Cristo de Tomás de Kempis: “Los hombres somos como briznas de hierba en las manos de Dios”.

Sigue en Twitter @LuguireG

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