Con gotero

Con gotero

Septiembre 16, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Cada día recibimos información parcial sobre las redes de espionaje, sus víctimas y quienes pagaban por seguir, interceptar comunicaciones y descubrir secretos de la competencia. Es como un gotero que dosifica lo que parece un remedio pero en realidad es un veneno que no se sabe a quién beneficia, si las víctimas son las víctimas y si los buenos son los buenos.

Antes había sido lo de las chuzadas a las cortes, a los jueces, a los funcionarios, lo que produjo el choque entre el entonces presidente Álvaro Uribe y la Justicia. Después fue el destape de los horrores y los negocios que se hacían en el DAS, que terminaron con esa entidad aunque no se conoció quién manipulaba la información, quién pagó por ella ni qué medidas efectivas se tomaron para evitar que se repitiera una de las peores prácticas totalitarias en un país que se dice democrático y defensor de la libertad y de los derechos individuales.

Más tarde fue la dirección de inteligencia de la Policía la que cayó en un bochornoso episodio de espionaje al descubrirse el uso de sus plataformas para intervenir de manera ilegal comunicaciones privadas, por lo general de personas con relaciones políticas. Otra vez, se destituyeron algunos oficiales, se declararon otros indignados y no pasó nada más.

Ahora se descubre una red de espionaje dizque con sede en Ipiales pero con ramificaciones en Cali. Capturaron oficiales del Ejército y la Policía, se habló de una señora ‘hacker’ de la Fiscalía, de empresas, de políticos y hasta de maridos y señoras que pagaron por seguir a cónyuges infieles. Todo se vendía y todo se compraba al mejor estilo de las dictaduras, pero las autoridades nada sabían ni los jefes de los involucrados tenían idea.

Hasta que llegaron al general Humberto Guatibonza, quien gozaba de la mayor credibilidad por sus ejecutorias al frente del Gaula, antinarcóticos y cuanta vaina hay en la Policía. De pronto, Guatibonza se retira, asesora al candidato Duque y monta una empresa de seguridad como todas las que han montado policías y soldados retirados.

Hasta que alguien jala la pita de lo de Ipiales y llega al General. Y como si fuera una novela de suspenso, empieza a soltar. Víctima primera: el fiscal Néstor Humberto Martínez y su mujer. Víctima segunda: el mediático abogado Jaime Lombana y su hijo menor. Primer victimario: el senador Armando Benedetti quien no resiste sin protagonizar un escándalo al mes.

Y alguien filtra que involucrados en el lío hay ingenios del Valle, aerolíneas, maridos, señoras, bancos, más políticos, más jueces, más funcionarios, más periodistas. Pero esos filtradores y sus corresponsales debidamente seleccionados entre lo más reconocido del periodismo nacional, no dicen todo lo que saben, no cuentan de qué se trata, no dan los nombres de los involucrados.

Como decía Gerardo de Francisco en el Zaguán del Viejo Conde cuando le pedían canciones, “todo va”. Es decir, los soplones, los que tienen la información, los que protegen a los que se benefician por descubrir la trama y por espiar a los espías, se frotan las manos.

Tienen a Colombia en sus manos, mientras el Gobierno, preocupado por las noticias sobre su Ministro de Hacienda y los planes de aguas, guarda silencio. Y a nosotros nos meten con gotero el entramado que debería destaparse en su totalidad y de una vez para erradicar el espionaje como método para ejercer el poder en éste, el país del Sagrado Corazón de Jesús.

Sigue en Twitter @LuguireG

VER COMENTARIOS
Columnistas