Como para llorar

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Como para llorar

Marzo 08, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Imposible lograr una licencia que destrabe la vía Mulaló Loboguerrero; imposible profundizar el canal de acceso a la Bahía de Buenaventura. Y el Valle sigue allí, casi inmóvil y emitiendo comunicados inútiles, mientras en Bogotá le siguen haciendo pistola.

El manoseo de la vía empezó hace nueve años, cuando se iniciaron los estudios para definir su viabilidad. Hace cinco, la Nación celebró un contrato de concesión mediante el mecanismo de la asociación público privada para realizar el proyecto que acortará cuarenta kilómetros y reducirá la inclinación a niveles menores al 6%, lo que implica un ahorro en combustibles y mantenimientos que por sí solos justifican el proyecto.

También se constituyó una fiducia de seiscientos mil millones que duerme el sueño de los justos, el concesionario ha invertido doscientos cincuenta mil millones y todavía no ha construido el primer centímetro de carretera. Todo se ha ido en estudios y más estudios, en contentar a las comunidades y en lidiar con la Agencia Nacional de Licencias Ambientales que pide cosas como mover cincuenta mil cactus. Pese a los compromisos solemnes del presidente Duque, aún faltan más estudios que durarán por lo menos otro año si es que no piden más.

Alguien le está tomando el pelo al Valle. Son todos aquellos funcionarios de aquí y de Bogotá que pagan costosos expertos en comunicación para tratar de tapar la verdad, que las cosas no avanzan. Lo cierto es que la incertidumbre de la Mulaló Loboguerrero puede cansar al concesionario y llevar a la liquidación del contrato, lo que le costará a la Nación una demanda de por lo menos un billón de pesos. ¿Quién responderá?

Otra cara del mismo abandono es lo que ocurre con el canal de acceso. A los puertos que están en Buenaventura les prometieron profundizarlo hasta 14 metros antes del 2018, lo que los haría aptos para recibir cualquier clase de barcos. Con base en esa promesa del Gobierno de entonces, esos puertos invirtieron mil millones de dólares. Pero el dragado nunca se produjo.

Ahora, gran parte de la carga que usaba a Buenaventura para hacer el trasbordo de la mercancía que va hacia Ecuador y Perú, sigue derecho hacia Esmeraldas. Mejor dicho, esa carga se perdió y con ello, nuestros puertos están pasando las verdes y las maduras, mientras el Gobierno de ahora sigue dándole largas al más puro estilo bogotano, para no cumplir el compromiso, no de un presidente de la República, sino del Estado con los puertos, con Buenaventura y con el Valle.

A pesar de que con ello le están decretando la pena de muerte a los puertos que están allí, la burocracia nacional sigue tomándonos el pelo. Y cuando se junta con los incumplimientos en la vía Buga Buenaventura o con Mulaló Loboguerrero, o con el tren del Pacífico, no queda más que pensar que existe una estrategia deliberada para estrangular a Buenaventura.

¿Y el Valle? Con contadas excepciones, limitado a los comunicados de los gobernantes y congresistas, de los dirigentes de las fuerzas vivas, tomándose fotos, usando las redes sociales para declarar lo que sea. Y nada más. Por eso pasan por encima de la región mientras la Nación construye autopistas y cuarenta y tres kilómetros de túneles en Antioquia y un puerto en Urabá y su empeño en Tribugá.

Y aquí nada pasa, ni hay cómo presionar al Gobierno Nacional, salvo por las fotos y los comunicados, las citas para pedir puesticos y demás arandelas del clientelismo que algunas y algunos manejan con pericia admirable. Es como para sentarse a llorar. ¿O no?

Sigue en Twitter @LuguireG

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