Civilización versus barbarie

Civilización versus barbarie

Febrero 24, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Llegaron por miles, soportaron treinta y ocho grados de temperatura y cantaron por la libertad. Al otro lado les mostraron las armas y desnudaron la torpeza solitaria de quienes ya no tienen con qué sostener una tiranía que ahoga en hambre a su pueblo.

Ese fue el espectáculo que se vivió en el paso de Tienditas, en el concierto por Venezuela. Decenas de artistas llegaron al puente para simbolizar el respaldo de la cultura al clamor de los venezolanos que reclaman el fin del horror que causan los jefes de los militares y sus áulicos empeñados en mantener secuestrado a su país.

Armados hasta los dientes, dirigidos y espiados por los cubanos, respaldados por el Eln y los paramilitares del régimen, los soldados venezolanos no sabían qué hacer. No sabían a quién disparar. No encontraban al enemigo contra el cual descargar sus fusiles.

No sabían que nadie les iba a disparar, a no ser que el general Padrino y su pandilla les dijeran que su blanco eran esos cientos de miles de personas, o esos músicos, o esos personajes que hicieron el esfuerzo por introducir a Venezuela las toneladas de ayuda humanitaria que ha llegado a Brasil, a Colombia, a las Antillas, a todas las fronteras. Quienes cantaban y hacían música por la libertad eran los enemigos a los cuales había que arrasar si pudieran entrar a territorio colombiano.

Ese fue el desafío que se vivió en el puente de Tienditas. Al otro extremo, una lánguida reunión de empleados públicos, de gente extorsionada con la comida que no existe en su país, trataba de responder lo que el mundo y la inmensa mayoría de sus compatriotas hacía en el lado colombiano.
Poco ocurrió, fuera del desgano de quienes repetían obligados las consignas que repartían los militares que asfixian a Venezuela.

No había contra quién pelear. No había en el concierto armas. Sólo la fuerza de la voz, de los instrumentos, la amplificación y las cámaras que llevaban las imágenes a todo el planeta. Quizás era mejor disparar contra los cientos de miles de personas que al otro día iban a entrar la ayuda humanitaria, los medicamentos, la comida, por todas las fronteras para ayudar a los venezolanos.

Por ello dispararon contra los indígenas que en San Francisco de Yuruaní, en la frontera con Brasil, protestaron contra la dictadura. Dos muertos, veintidós heridos. Armas contra el reclamo justo fue el enfrentamiento que desnudó de nuevo la sinrazón de un régimen manejado por el general Padrino, por los cubanos infiltrados en todo el ejército venezolano y por el mundo de criminales que soportan a Maduro, el mascarón de proa de sus tenebrosos designios.

“Gracias, Venezuela. Gracias por aguantar, gracias por soportar el peso del dolor. Gracias por soportar la indiferencia de tantos. Gracias por no darte por vencida y curtirte en el terror. Gracias por no darte por vencida. Gracias, porque hay que ser muy valientes para sonreír cuando estamos quebrados por dentro. Gracias por darnos un motivo más profundo que nuestras conveniencias a todos los que hemos subido en este escenario. Gracias por esperarnos”.

Así arrancó el presentador mexicano David Habif el concierto que pretende recoger cien millones de dólares en ayudas. Es la confrontación de la cultura contra las armas, de la civilización contra la barbarie que secuestró a Venezuela y que debe caer para darles a los venezolanos una nueva oportunidad de vivir en libertad.

Sigue en Twitter @LuguireG

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