Ayer

Ayer

Septiembre 23, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

A usted lo abruman con la publicidad incitándolo a comprarlo, le muestran las ventajas, le resuelven su necesidad de seguridad, le ofrecen financiación, descuentos, gabelas. Usted lo compra. Pero ayer le prohibieron usarlo.

A usted le dijeron que comprándola resolvía el maldito problema de no tener un transporte rápido que lo lleve en media hora a donde el MÍO se demora dos horas o más, con cambios en estaciones, con carteristas, vendedores de cualquier cosa y cantantes encima. Le ofrecieron que usted la paga con cuatro mil pesos diarios, le dieron chaleco reflectivo, casco y hasta pase. Usted dijo que sí. Pero ayer le prohibieron usarla.

Y en el medio están lo que llaman las autoridades nacionales, departamentales y municipales. Ellas promueven la industria, toleran e incentivan la compra de carros y motos porque generan empleo, progreso, calidad de vida, bienestar y, claro, impuestos de rodamiento, ingresos por licencias, por Soat, por multas que en muchos casos no cobran, por consumo de combustible del que reciben el 50% de lo que usted paga por cada galón. Pero ayer prohibieron usarlo.

Y dicen que es para proteger el medio ambiente y mandar un mensaje no se sabe a quién. Pero a usted no le rinden cuentas sobre lo que hacen con sus impuestos, no le dicen por qué los destinan a regalar almuerzos y a contratar guardas cívicos que hoy se llaman otra cosa pero son lo mismo, por qué la señalización que debe pagarse con esos impuestos no existe en el 80% de las vías de su ciudad, por qué las calles están llenas de huecos que causan accidentes y trancones y daños y más consumo de combustible.

Ayer le prohibieron usar los bienes que usted adquirió con arreglo a la ley. No le hablaron de por qué se niegan a construir las vías que requiere su ciudad para que se aumente la velocidad y se evite el desperdicio de combustible que se traduce en gases que calientan la atmósfera. No le dijeron por qué no hay autoridades de tránsito suficientes para manejar la circulación, o para evitar el desmadre de las motos en contravía que no pagan los impuestos o automóviles que no hacen revisión mecánica.

Y no le aclaran por qué insisten en fórmulas que no salvarán el MÍO y la resistencia a replantearlo para recuperar la confianza de los usuarios y el monopolio del transporte público que hoy se lo disputa el transporte ilegal. Tampoco le explican por qué siguen gastando plata en el transporte masivo mientras incentivan el transporte individual por que las motos son “el vehículo más democrático”, así se haya convertido en un creciente problema para el tráfico en las ciudades.

Total, ayer usted vio a Cali desierta, y no pudo ir a trabajar, a mercar o a hacer sus vueltas o a visitar sus parientes y amigos que viven al otro lado de la ciudad, en ejercicio de su derecho a la libre locomoción. Y el comercio se llenó de locales vacíos de clientes con sus puertas colmadas de vendedores a la espera de un comprador que aporte para pagar sus salarios.

Ayer, usted estuvo en el día sin carro y en bici, la que usted nunca usa por temor a los ladrones, a que lo roben o a caer en uno de los millones de huecos que existen debido a la desidia de las autoridades. Entonces, usted tuvo que quedarse en su casa, preguntándose qué había hecho para merecer una prohibición inventada por quienes creen que la atmósfera se recupera con decisiones inútiles y perjudiciales como el día sin carro.

Sigue en Twitter @LuguireG

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