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¡27,7%!

Agosto 02, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

La cifra de desempleo en Cali a 30 fue junio muestra a las claras el efecto del coronavirus. Y no es solo un problema de indisciplina social o de salud.

Que el 27,7% de los caleños en capacidad de trabajar no tengan empleo es muestra de la tragedia que se cierne sobre la capital vallecaucana. Y aunque pueden darse explicaciones o se pueda hacer un análisis optimista basado en que las cosas volverán a su normalidad en poco tiempo, eso ya no basta.

Además de la industria y el comercio, la economía de Cali se basa en la oferta de servicios de cultura y esparcimiento. Y la estadística de la cual hablamos demuestra que el reconocimiento de la salsa como uno de los factores de identidad, de su industria gastronómica, de la música, del teatro y de tantas otras actividades parecidas, es cierto.

Pues bien, esas actividades, grandes medianas o pequeñas, son las más golpeadas por el cierre. No es sólo una tendencia a la rumba por la rumba sino y en primer lugar una fuente de empleo. Son miles los sitios que existen, miles las pequeñas y medianas empresas, centenares los teatros, miles de restaurantes los que llevan cinco meses sin producir un peso.

Aquí han nacido iniciativas originales y exitosas que, como Delirio o las escuelas de salsa, se han ganado el reconocimiento internacional. Detrás de ellas están miles de bailarines que encontraron una forma de vida, de ingresos y de futuro. También hay salas de teatro, sitios para escuchar música, galerías de arte, orquestas de música popular de todos los estilos, colores y sabores y una orquesta filarmónica que tiene ochenta y nueve años.

Y qué decir del turismo, los hoteles y restaurantes. Después de Bogotá, Cali es la ciudad con mayor oferta de calidad medida en establecimientos que generan empleos estables. Y casi todas son empresas medianas y pequeñas que generan puestos de trabajo formal.

Así mismo, en los barrios existen las salsotecas que guardan la memoria musical y han contribuido de manera silenciosa y efectiva a crear la identidad de la ciudad. O la indeterminada cantidad de discotecas y bares que a través del tiempo han consolidado una industria enorme y generadora de empleo.

Muchas de esas actividades no son bien vistas en la medida en que se basan en la diversión y tienen en la venta del alcohol un ingreso importante. Pero esa es nuestra realidad, la que hemos construido, mucha de la cual se basa en la informalidad y la que en gran parte ha permitido absorber la avalancha de inmigrantes que llegan aquí en busca de oportunidades que les niega la pobreza y la violencia del suroccidente y el Pacífico colombiano.

Ese 27,7% de desempleo que reconoce el Dane es uno de los reflejos del costo que para Cali ha significado el coronavirus y la necesidad de aplicar el aislamiento social. El efecto adicional está en el bajón en los ingresos del municipio con la parálisis, causado por hechos como la quiebra de esa industria de servicios, y en la inseguridad que ya se siente en las calles.

Aunque esta columna no es la más optimista, la justifica el que más de uno de cada cuatro caleños con capacidad laboral no tenga trabajo. Su intención es llamar la atención sobre lo que está ocurriendo con cientos de miles de personas de todos los estratos sociales y de familias golpeadas por un cierre que no parece tener final próximo.

Ya no podemos seguir esperando que regrese una normalidad que es cosa del pasado. ¿Qué vamos a hacer para reconstruir nuestra vida en Cali?

Sigue en Twitter @LuguireG

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