Santa Alba Stella

Santa Alba Stella

Marzo 10, 2019 - 06:25 a.m. Por: Luis Felipe Gómez Restrepo

Se despidió a la hermana Alba Stella Barreto en la Iglesia Señor de la Vida ubicada en el Barrio Marroquín II, en el Distrito de Aguablanca, en ese territorio que fue su casa y donde ella fue Iglesia hasta el domingo 24 de febrero, cuando partió. Allí mismo donde luchó por la dignidad de las personas y comunidades. Santa Alba Stella ya ha comenzado a florecer en el corazón de cada uno de quienes la conocimos.

La hermana Alba Stella, como prefirió siempre que se refirieran a ella por su enfoque fraterno, solidario y paritario, fue una mujer que rompió imaginarios para avanzar de manera firme en la transformación del lugar de las mujeres, los y las jóvenes, las personas adultas mayores, las personas que han sido victimizadas en el marco del conflicto armado y por las estructuras de exclusión de nuestra sociedad.

Para quienes tuvimos la oportunidad de conocerla, nos vimos tocados por su compromiso social y comunitario e inspirados por su postura transparente, crítica e innovadora, por su temple, valiente liderazgo, vocación de servicio y su capacidad para encender la fuerza y la solidaridad en los corazones de todas las personas con las que compartía, trabajaba y construía. Para nosotros los religiosos nos mostró cómo vivir los Consejos Evangélicos, fuera de grandes estructuras, caminando codo a codo con el pueblo.

Su vida de servicio inició siendo muy joven cuando decidió, ante el asombro de su familia, unirse a la Provincia San Pablo Apóstol de los Franciscanos y dejó de llamarse Olga, su nombre de nacimiento, para ser llamada Alba Stella: una estela de luz en el alba. Sin embargo, la libertad y la autonomía que la constituían y un llamado por el cambio social que se logra caminando al lado de los excluidos y viviendo con ellos sus sueños y frustraciones, motivaron que se convirtiera en una franciscana misionera seglar, cambiando el hábito por la camiseta azul con el logo de la Fundación Paz y Bien, para dedicarse a acompañar la construcción de vidas más dignas de las familias empobrecidas del Distrito de Aguablanca.

En 1991 creó la Fundación Paz y Bien desde donde se propusieron diferentes estrategias de superación de la pobreza, al inicio con mujeres agobiadas y después con sus hijos e hijas, sus familias y las personas de la comunidad. Desde allí funcionó el colegio Semilla de Mostaza, la Casita de la Vida que acogía a adolescentes gestantes y lactantes, se tuvieron posadas para atender a las personas en situación de desplazamiento que llegaban al territorio, se crearon los Jueves de Paz en los que se brinda asesoría jurídica y acompañamiento a las víctimas de conflicto, y se crearon los dos programas emblemáticos de la Fundación: las Consejerías de Familia y el Programa de Restauración Juvenil Casas Francisco Esperanza.

A lo largo de estos más de 30 años con los que contaron Cali y, en particular, el Distrito de Aguablanca, la Hermana les recordó a las personas del sector, que su poder residía en ellos mismos, y que podrían transformar sus vidas y las de sus comunidades si trabajaban unidos, de manera solidaria y justa.

Esperamos que el sueño de Alba Stella siga vivo también en nosotros. Y reafirmamos la vitalidad de lo que ella le decía a su equipo: “Sigan unidos, no se vayan a pelear y continúen la obra”. Santa Alba Stella nos acompaña desde el cielo.

*Rector Universidad Javeriana Cali

Sigue en Twitter @RectorJaveCali

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