¿Impunidad?, la guerra

Febrero 29, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-29 Por: Luis Felipe Gómez Restrepo

Hace un par de semanas tuvimos en la Universidad Javeriana Cali un foro de dos días sobre el punto 5 de los acuerdos para ponerle fin al conflicto armado en Colombia. El tema: el modelo de justicia que se adoptará en la transición de la guerra hacia la construcción de paz. Este punto es el que más polémica ha generado en el país.Un sector que algunos tildan de tristes abogados de la guerra se ha pronunciado afirmando que el acuerdo es un mar o piñata de impunidades. La respuesta de un conjunto de expertos internacionales liderados por Baltasar Garzón y Luis Moreno Ocampo, reconociendo que el acuerdo no es perfecto, afirma que el acuerdo respeta los básicos postulados del Estatuto de Roma, e incluso se afirma que la articulación entre justicia transicional y justicia restaurativa es una obra de arte. Por su parte, en los movimientos sociales que pudimos oírlos de primera mano en el foro el anhelo de paz es fuerte, especialmente entre los indígenas, afrodescendientes y campesinos. Ellos, que han sufrido la guerra de manera directa, sienten un real alivio con el cese bilateral del fuego declarado por las Farc, sus campos y poblados no son escenarios de muerte y violencia y están disfrutando, lo que ellos llaman una “tensa paz”. Su voz se escuchó de manera clara, “la madre de todas las impunidades es la guerra” y “los acuerdos serán letra muerta o una nueva frustración si nos dejan por fuera de la implementación”. Reconocen que la negociación del conflicto armado la deben hacer los protagonistas de la guerra; pero la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz, especialmente en los territorios, es un asunto que no se realizará sin la participación directa de la sociedad civil en general y de los movimientos sociales en particular. Desde hace varios meses, hay varias acciones de los movimientos sociales orientadas a preparar los territorios para la construcción de paz; hay expectativa en que pronto se abrirán mayores niveles de participación; sobre todo a la hora de definir los ‘cómo’, la forma, la manera como se implementarán los acuerdos. En esto tanto, el Gobierno como las Farc no se pueden equivocar, si los acuerdos se hicieron desde arriba y fuera del país y del territorio; su implementación deberá ser desde abajo y desde adentro de los territorios. Esto supone un esfuerzo serio para desterrar la arrogancia y la prepotencia que ha caracterizado a los actores de la guerra; de lo contrario la violencia simbólica se recrudecerá y los procesos de reconciliación tan urgentes y necesarios para generar confianza y apoyo no aparecerán. Ojalá la arrogancia y la soberbia no se impongan, impidiendo ver y reconocer a las comunidades víctimas principales de la guerra como protagonistas centrales de una paz estable y perdurable.Sólo acabando las violencias directa y simbólica se puede avanzar de manera seria y decidida en la construcción de una paz estable y duradera que se consolida mediante cambios significativos en las condiciones de pobreza, exclusión y marginación para desterrar así la denominada violencia estructural.*Rector de la Universidad Javeriana Cali.

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